viernes, 30 de enero de 2009

Bartolomé de las Casas y los "Derechos Humanos".




Bartolomé de las Casas y los “Derechos Humanos”. Desconocimiento y actual vigencia del Precursor.


Ricardo Arrieta Castañeda
Febrero 2 de 2009.


- “Derechos Humanos”. Vigencia y desconocimiento del Precursor.
- Bartolomé de las Casas inventó término “Derechos Humanos”
- Vigencia y desconocimiento
- Vigencia de Bartolomé de las Casas hoy en día
- La Universidad Carlos III de Madrid y Bartolomé de las Casas.


Se ha sostenido por autores como Ramón B. Martínez Portorreal, la idea de que los Derechos Humanos, como concepto que abarca la protección de la dignidad humana y los derechos del ser humano, nacieron en la isla la Hispaniola o de Santo Domingo, por allá por 1511, con el extraordinario sermón de adviento del Fray Antón de Montesino del 21 de Diciembre de ese año.
Los sermones que el dominico fray Antonio de Montesinos pronunció en aquel lejano adviento de 1511, y que el ardiente fray Bartolomé de las Casas nos reporta en su Historia de las Indias, son el preludio de la conceptualidad en materia de Derechos Humanos y abrieron las puertas al proceso de legitimizar estas aspiraciones de los dominicos de la época.
Incluísmos aquí un artículo de la agencia EFE, que nos trae una crónica, en la que se señala que Fray Bartolomé de las casas, fue el primero en hacer uso conceptual de la expresión Derechos Humanos.
Los sermones que el dominico fray Antonio de Montesinos pronunció en aquel lejano adviento de 1511, y que el ardiente fray Bartolomé de las Casas nos reporta en su Historia de las Indias, son el preludio de la conceptualidad en materia de Derechos Humanos y abrieron las puertas al proceso de legitimizar estas aspiraciones de los dominicos de la época.


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Bartolomé de las Casas inventó término “Derechos Humanos”
agencia EFE 14/07/2007


El fraile sevillano Bartolomé de las Casas fue el primer hombre de la Historia que acuñó la expresión ‘Derechos Humanos’, en su obra ‘De los Hombres que se han hecho esclavos’, según sostiene el biógrafo del dominico Luis Iglesias Ortega en el libro ‘Bartolomé de las Casas: 44 años infinitos’.‘En España, si esto se sabía, nunca se ha dicho’, aseguró Iglesias en una entrevista con Efe, y destacó la impronta que dejó la obra de las Casas en las sucesivas declaraciones de los derechos del hombre.
Tal fue el caso de la declaración de Jacques Danton, jefe del gobierno francés durante el periodo revolucionario de este país a finales del siglo XVIII, al abolir la esclavitud, iniciativa que el francés consideró impulsada por ‘los grandes principios desarrollados por el virtuoso Las Casas que habían sido olvidados’.
‘Cuarenta y cuatro años infinitos’, editado por la Fundación José Manuel Lara, es, según su autor, un intento de desmitificar la figura del dominico sevillano, ‘tanto para los que han exagerado su labor y lo han considerado ‘el padre de América’, ya que América la hicieron entre muchos, peor o mejor’, como para aquellos que lo demonizaron, ‘tachándolo de ‘anti español’ porque consideraban que la defensa de los indios era sinónimo del odio a España’.‘En su defensa de los indios, él asumía su condición de español para denunciar las injusticias en América y eso no es un desdoro para España sino una gloria’, manifestó Iglesias, quien confesó que su pretensión con esta biografía es la de ‘restituir el verdadero rostro de este hombre’.
Sin embargo, esta obra destaca al Bartolomé De Las Casas jurista, señaló el biógrafo, quien consideró que ‘Las leyes nuevas de Indias’, que el dominico redactó y con las que pedía la abolición de la esclavitud del indio y de las encomiendas a las que lo sometía el imperio español, es ‘el documento más importante de la historia de España’.
Para Iglesias, el fraile atravesó dos etapas en su trayectoria, la primera de las cuales, cuando era un simple clérigo, concluyó con ‘el desastre de Cumaná’, que se saldó con la muerte de toda la población en esta región venezolana, donde De Las Casas intentó defender a los Indios ‘basándose únicamente en principios morales’. ‘Esto motivó su entrada en la orden de los dominicos y el inicio de sus estudios de Derecho’, indicó Iglesias, para quien ‘desde entonces el fraile basaría todos sus esfuerzos por defender a los indios en principios jurídicos’.


En relación con la polémica histórica en torno a De Las Casas, quien solicitó al emperador español la importación de esclavos negros a América, Iglesias explica que el fraile, ‘que por otra parte no fue ni el primero ni el único que hizo esta solicitud al rey’, se arrepintió de ello más tarde, hasta el punto de que incluyó en su ‘Historia de las Indias’ dos capítulos en los que defendía a los negros ‘en los mismos términos que a los indios’.
‘El pensaba que su condición de esclavos venía impuesta con anterioridad por un castigo, y se dio cuenta tarde de que no había motivo jurídico o moral que la justificase’, señala. ‘Bartolomé de Las Casas fracasó, pero su fracaso fue glorioso porque quedó en evidencia la injusticia de la otra parte’, expone Iglesias, y explica que ‘la independencia de América y su trauma sucedió porque no se le hizo caso al dominico’.
Luis Iglesias Ortega es miembro de la Asociación Iberoamericana de Filosofía e investigador de Historia de América en el Archivo General de Indias y en las bibliotecas del CSIC. Entre sus publicaciones se encuentran ‘Unamuno, especie única’, ‘El pensamiento quijotista de Unamuno entre la filosofía y el mito’, y en la actualidad concluye los libros ‘El muro de tierra firme’, sobre la conquista de América del Sur, y ‘Derechos humanos y derechos políticos en Bartolomé de las Casas’.
Desconocimiento y Vigencia
Por su parte, el catedrático español Francisco Fernández Buey ha planteado el “desconocimiento” que en España aún se da en torno a este personaje, “plenamente vigente” en el siglo XXI. Fernández Buey se ha referido al “nuevo indigenismo” o “nuevo indianismo” en torno a los nuevos movimientos surgidos en países como Ecuador o Bolivia, donde sus reivindicaciones vienen a decir que “el espíritu utópico de Bartolomé de las Casas tiene mucha vigencia porque, desde el punto de vista político y socio-político, en la defensa de las lenguas y culturas indias hay que ir mucho más allá de donde él se quedó”.
Este catedrático destaca que, hasta ahora, la visión que se tenía en España de Bartolomé de las Casas había estado “muy condicionada por la leyenda negra que giraba aún en torno a este país”. Sin embargo, explicó el profesor, lo que escribió Bartolomé de las Casas la crítica histórica ha demostrado que lo que estaba diciendo era “lo que en realidad estaba ocurriendo en América”, por lo que insta a “romper con la visión de que era un loco, un exagerado y un obseso”, ya que “no se aguanta desde el punto de vista historiográfico”.
Vigencia de Bartolomé de las Casas hoy en día
Según el filósofo mexicano Mauricio Beuchot, De las Casas, en la actualidad, “es aún un modelo de pensamiento y un paradigma de pensamiento latinoamericano, pese a su origen español”. Beuchot ha afirmado que ya Bartolomé de las Casas “se acercaba mucho a la idea de derechos humanos que tenemos hoy”, pese a que a algunos “les parece que todavía está en otra época”. Según Beuchot su intención es bastante parecida a lo que nosotros entendemos como derechos humanos, porque él ya hablaba de “un derecho natural subjetivo; es decir, individual, los míos, los de la persona, salvando las distancias, porque hay que ser conscientes de que él vivió en otra época”.
Por otra parte, en relación con los negros, los historiadores recientes han destacado que se dio un momento en la historia en el que, para salvar a los indígenas del genocidio, Bartolomé de las Casas “pidió que se trasladaran negros a las Indias, aunque luego se arrepintió”, lo que se ve, con posterioridad, en su Historia de las Indias, donde deplora haber tenido esa idea y defiende “la libertad de los negros”.
Contrario a la esclavitud de los indios y de los negros, De las Casas, concluye Beuchot, fue “antiesclavista sin más”.


La Universidad Carlos III de Madrid y Bartolomé de las Casas.


La Universidad Carlos III de Madrid ha reconocido notablemente el valor de Bartolomé de las Casas con la Creación del Instituto de Derechos Humanos “Bartolomé de las Casas”. Según el profesor Dr. Rafael de Asís Roig, director del Instituto, el Instituto de Derechos Humanos “Bartolomé de las Casas” viene desarrollando, desde el año 1990, una importante labor en el ámbito de las publicaciones sobre los derechos fundamentales. En este sentido posee en la actualidad una Revista, Derechos y Libertades, que constituye un referente en lengua castellana de la teoría de los derechos. Igualmente publica, en colaboración con la editorial Dykinson, una colección de monografías, una colección de cuadernos y otra de seminarios. Universitas constituye un complemento ideal de estas publicaciones y, en cierto sentido, viene a llenar un vacío y a completar un proyecto integral en esta materia.

DERECHO Y LITERATURA


DERECHO Y LITERATURA






Ricardo Arrieta Castañeda
Enero 30 de 2009



Aprovechando la generosidad del blog que tambien contempla la teoría jurídica, trataré un tema que lo encuadro dentro de la serie de artículos que inicié cuando escribía en Facebook. Me refiero a la múltiple relación del derecho con las diversas ciencias y artes. En este caso se busca establcer la relación entre derecho y literatura, partiendo de la base de que La Teoría literaria del Derecho supone que lo jurídico y lo literario se encuentran en relación.

Introducción

Las intersecciones entre lo jurídico y lo literario resultan en el diverso itinerario y distinta trayectoria de recorrido de cada elemento en el par de relación Derecho/Literatura. José Calvo González (Universidad de Málaga) explica que se articulan a través de determinada clase de sintagmas gramaticales, concretamente organizadas mediante tres preposiciones (en, indicando lugar; de, denotando pertenencia; con, expresando la circunstancia con que algo se ejecuta o sucede) y un adverbio modal (como, es decir, a modo de, según, en tanto que o tal que, apuntando tipos de cotejo que van desde lo adyacente hasta la simetría). Desde ellas se distinguen tres tipos de intersecciones, respectivamente propuestas como instrumental, estructural e institucional.

Algunas de las acepciones establecidas por el Diccionario de la Real Academia Española para las palabras Derecho y Literatura, pueden ayudar a generar un mejor entendimiento de la relación que existe entre las dos disciplinas. Por una parte, de acuerdo con la Academia de la Lengua, una de las acepciones de la palabra “derecho” es la de “conjunto de principios y normas, expresivos de una idea de justicia y de orden, que regulan las relaciones humanas en toda sociedad y cuya observancia puede ser impuesta de manera coactiva”. Por su parte, el mismo diccionario nos dice que podemos entender por “literatura” al “arte que emplea como medio de expresión una lengua”.

Teoría Jurídica y Literatura

La Teoría literaria del Derecho supone que lo jurídico y lo literario se encuentran en relación. Es significativo que incluso Posner, quien ha mostrado mayores reticencias hacia ella, aunque la precise como «incomprendida» no la niegue. Por tanto, el asunto principal remite a partir de aquí a la manera y mejor forma de conocer el régimen que vincula entre sí los elementos de la relación. Dos proposiciones pueden contribuir a facilitarlo, y son:

a) Las intersecciones entre lo jurídico y lo literario resultan de los diversos itinerarios y trayectorias de recorrido, por ambas partes, y
b) Las intersecciones entre lo jurídico y lo literario se articulan a través de cierta clase de sintagmas gramaticales que actúan como puente, organizadas concretamente mediante tres preposiciones (en, indicando lugar; de, denotando pertenencia; con, expresando la circunstancia con que algo se ejecuta o sucede) y un adverbio modal (como, es decir, a modo de, según, en tanto que o tal que, apuntando tipos de cotejo que van desde adyacencia hasta simetría).

Literatura y Derecho no son ajenos entre sí. Desde donde se mire, la Literatura ha narrado hechos jurídicos y el Derecho es, fundamentalmente, un ejercicio literario. Con todo, sobra decir que entre los diversos géneros literarios, unos antes que otros, conectan más y mejor con el Derecho. Precisamente por eso no creo que el núcleo principal de reflexión deba venir dado por cuestiones de grado, sino de índole. Entendiendo pues que éste debe ser el enfoque más idóneo; es decir, interrogarse acerca de cómo Literatura y Derecho se relacionan representa una cuestión de fundamental interés.

Según los desarrollos teóricos de Carlos Pérez (UNAM) y Andrés Botero Bernal (U. de Med), la relación entre derecho y literatura puede y debe entenderse entonces, a partir de la naturaleza expresiva de ambas disciplinas. El derecho y la literatura son fenómenos que se desarrollan y se realizan en la expresión de la lengua de una comunidad. La naturaleza lingüística de ambas disciplinas condiciona por completo la relación de las mismas.

Existe una gran tradición teórica respecto a la naturaleza lingüística del derecho. Sin embargo, en este campo de estudio como en otros, el interés de los estudios jurídicos por los puentes teóricos y metodológicos que la naturaleza del derecho puede tender con otras disciplinas, es un fenómeno relativamente reciente.

De acuerdo con George Steiner “el poeta, el ‘creador de literatura’, elige sus materiales de la totalidad de los medios expresivos disponibles. Naturalmente, eso le sucede a cualquiera que pronuncie una frase o emita un monosílabo”. La relación expresiva entre el derecho y la literatura queda bastante clara con estas palabras de Steiner. Puede decirse que, en un momento inicial, la prerrogativa del poeta en particular, representando a cualquiera de los escritores profesionales de la lengua, , es la misma que la que tiene el abogado como agente susceptible de ejercer el lenguaje.

Asimismo, es preciso señalar que tanto el derecho como la literatura, son disciplinas textuales. Esta afirmación se sostiene al considerar que ambas cumplen con los siete criterios de textualidad que algunos lingüistas como Jan Renkema, han establecido: cohesión, coherencia, intencionalidad, aceptabilidad, informatividad, situacionalidad e intertextualidad. De esta manera, tanto el derecho como la literatura son disciplinas textuales a través de las cuales se expresa el lenguaje de una comunidad.

La naturaleza lingüística de ambas disciplinas, así como su naturaleza textual, permiten evidenciar que la relación entre derecho y literatura es múltiple. Por una parte, existe una relación entre la “ley” (entendida como derecho objetivo) y el “texto literario” (entendido como expresión objetivada de un autor a través del papel). Asimismo, ambas disciplinas se relacionan desde un punto de vista práctico: ambas permiten la realización, como veremos en lo que sigue, de prácticas interpretativas y creativas por parte de profesionales que en una disciplina se llaman jueces, legisladores o profesionales del derecho (entre los que por supuesto se incluyen abogados litigantes, consultores, ministerios públicos, notarios y académicos) y en la otra escritores y críticos literarios.

Literatura y Derecho no son ajenos entre sí. Desde donde se mire, la Literatura ha narrado hechos jurídicos y el Derecho es, fundamentalmente, un ejercicio literario. Con todo, sobra decir que entre los diversos géneros literarios, unos antes que otros, conectan más y mejor con el Derecho.

Precisamente por eso no creo que el núcleo principal de reflexión deba venir dado por cuestiones de grado, sino de índole. Entendiendo pues que éste debe ser el enfoque más idóneo; es decir, interrogarse acerca de cómo Literatura y Derecho se relacionan representa una cuestión de fundamental interés.

En respuesta debe adelantarse que existen diversos modelos para armar tal relación. Dentro de ellos, avanzo ya desde aquí, considero que lo más provechoso consiste en indagar sobre las utilidades metodológicas y analíticas que, a su tenor, puedan abrirse para los estudios jurídicos, especialmente en orden a la filosofía jurídica y la historia del derecho.

La Literatura -al igual que ciertamente sucede con otras expresiones artísticas, baste pensar en la Música y el género operístico- se relaciona con el Derecho, al menos, porque el tema de aquélla en no pocas oportunidades se refiere a asuntos jurídicos como expresión del drama humano de cualquier época y lugar; desde la antigua Grecia con Orestes o Antígona, hasta Zola, Víctor Hugo, Dostoievski, Kafka, etc… Además, el Derecho es, ante todo, un ejercicio narrativo que en ocasiones se hace acreedor de justo elogio estético, como efectivamente sucede con algunas de las definiciones presentes en nuestro Código Civil, o en la redacción de determinados preceptos de las cartas constitucionales colombianas, especialmente las de comienzos del siglo XIX.

Pero la relación va más allá de lo acabado de señalar, al convertirse la Literatura en un objeto de estudio de varias disciplinas jurídicas. Este es el caso, para lo atinente a la historia del derecho, de los trabajos de españoles como José María Izquierdo, José Luis Bermejo, Faustino Martínez, Encarnación Tabares, y otros. Tratándose de la iusfilosofía y la filosofía política es de obligada referencia aludir a las tesis de Martha Nussbaum, quien a partir de un concepto ético de ciertos géneros de la Literatura propone la construcción de un discurso público que humanice el derecho a través del razonamiento literario colaborando así a la formación de sentimientos de empatía compasiva. Y está también Ronald Dworkin con la figura de su juez Hércules, que razona y organiza sus pensamientos al modo de un narrador literario que se vale del recurso a la técnica de la novela en cadena. E igualmente Peter Häberle, quien interpreta el derecho como un relato y por tanto regido por algunos principios comunes a los de la Literatura. Tampoco han de olvidarse las reflexiones de Richard Posner a favor de la interdisciplinariedad Derecho–Literatura, y ello a pesar de afirmar la falta de unidad hermenéutica entre ambas disciplinas. Por lo demás, si se quiere ampliar la lista, no podrá omitirse la mención de algunos filósofos del derecho argentinos, por ejemplo: Werner Goldschmidt, Enrique Mari, Ricardo Guibourg y Carlos María Cárcova.

En consecuencia, si hay relaciones que van más allá del simple interés literario en describir concretas situaciones jurídicas, y hasta de la pura forma de expresión literaria eventualmente empleada por el Derecho, a un punto tal que existen estudios jurídicos que versan sobre la literatura, ¿cuáles y de que naturaleza son las posibles relaciones?

Para responder esta pregunta, lo adelantaba más arriba, se han armado diversos modelos. Uno de ellos, el más conocido quizás, es el que distribuye sus piezas en tres grupos:

“Derecho como Literatura”, “Derecho en Literatura” y “Derecho de Literatura” (existiendo otras variantes que agregan otros sintagmas tales como “con”, “por”, “para”, etc.); lo que a su vez permite también reconstruir el modelo de relación entre Literatura y Derecho, a partir de reagrupar las piezas en “Literatura como Derecho”, “Literatura en Derecho” y “Literatura de Derecho”.

No obstante, este modelo y su reversión presenta un grave problema: la vaguedad de los sintagmas gramaticales “como”, “de” y “en” en cuanto instrucciones de montaje. Y a ello añádase que aun si como modelo teórico para armar sus instrucciones de montaje fueran siempre claras, no en todos los casos el resultado práctico del uso de dichas instrucciones es útil pedagógicamente hablando debido especialmente a su amplitud de uso.

Es por ello que, luego de algunos ejercicios de montaje y uso, parece necesario cuanto menos destacar para el fin de este trabajo:

i) que se parte desde la óptica jurídica, no desde la visión literaria;
ii) que se trata de clasificar las relaciones posibles entre la disciplina jurídica en su
sentido amplio (no tanto la norma) con la obra de literatura (no tanto con la literatura
en general).

Habrá que advertir también que la relación Derecho y Literatura como modelo para armar se suscita con una pretensión fundamentalmente pedagógica. Es decir, propiamente la relación no existe de manera pura, por lo que se debe aceptar la presencia de zonas grises o mixturas, o lo que es igual las instrucciones de montaje exigen a veces la utilización de elementos o piezas pertenecientes a uno o varios grupos, lo que indica que pueden ser intercambiables. Esto determinará que la clasificación de relaciones sirva más a menudo como medio de estudio al momento de afrontar un discurso de la disciplina jurídica donde se alude a una obra literaria, que como objeto de estudio.

Conclusión


Las relaciones entre el derecho y la literatura son variadas. También variada ha sido la historia misma de esa relación. En algún momento, los abogados pasaron de ser la especie paradigmática de la ilustración (hombres de amplia cultura, aristócratas del conocimiento) a profesionales especializados en ramas del conocimiento jurídico. Al volverse especialistas, los abogados ganaron en precisión del conocimiento pero, aunque es necesario algún estudio exhaustivo y riguroso acerca de los problemas generados por la especialización, también perdieron en universalidad.

La relación entre derecho y literatura es más profunda que la simple antología de casos en los cuales los asuntos litigiosos o judiciales han sido tratados por los poetas, narradores y demás escritores. El gran de sarrollo hermenéutico registrado en el campo de los estudios jurídicos a lo largo del siglo XX, ha generado nuevas caminos de exploración para los estudios jurídicos. La relación entre ambas disciplinas se ha revigorizado a partir de la naturaleza interpretativa que comparten. Sin embargo, la relación entre derecho y literatura tiene otra dimensión de innegable aplicación práctica, misma que en mi opinión, tiene un futuro promisorio en un país como Colombia. La dimensión escrita del derecho hace necesario que los profesionales de la ley se asuman a sí mismos como escritores, como creadores de textos y volteen a ver, así como lo han hecho al entenderse como intérpretes de textos, a los escritores profesionales, poetas, narradores, dramaturgos, ensayistas, con el fin de mejorar la expresión escrita de la profesión. La necesidad de que el lenguaje de los jueces y abogados en general, pero en especial sus escritos, sean accesibles, claros, eficientes y sencillos, es una demanda de la sociedad que se inscribe en el marco general de transformación de una sociedad como la nuestra. En este sentido, esfuerzos como los realizados por el movimiento del “plain language” o “lenguaje llano”, tenderán a expandirse para acercar al sistema jurídico en general con la gente común, con la gente de carne y hueso que, sin birretes y togas, es la verdadera destinataria de los actos de las autoridades que integran a todo estado de derecho democrático.