miércoles, 25 de agosto de 2010

La Importancia del Laicismo en la Supervivencia de un Estado Democrático

En la Universidad Nacional Autónoma de México, la revista El Extranjero, entrevistó al profesor Michelangelo Bovero, sucesor de la corriente de pensamiento de Norberto Bobbio y titular de la cátedra de Filosofía en la Universidad de Turín, es un jurista italiano internacionalmente reconocido por diversas obras entre las cuales destaca Contro il governo dei peggiori: una grammatica della democrazia (1). El Extranjero, aprovechando su participación en el Seminario Internacional “Democracia, Paz y Derechos” con el cual el Instituto de Investigaciones Jurídicas conmemoró el centenario del nacimiento de Norberto Bobbio, abordó con el profesor un tema que, si bien no es nuevo, ciertamente sigue estando vigente en las discusiones académicas y políticas en México y el mundo: el laicismo.

La palabra laicidad o laicismo, explica el profesor, cuenta con dos grandes familias de significados. El primer significado nos indica que lo que es laico es todo aquello que se encuentra en contraposición a lo que es religioso –entendiendo “religioso” en el sentido más amplio del término: una dimensión de la existencia conectada con lo supra natural, la existencia de dioses o de otro mundo-. El segundo significado, en cambio, se debe entender como aquello contrapuesto al adjetivo “confesional”, que puede connotar a varios sujetos y se refiere a la influencia de organizaciones religiosas sobre la vida civil y política.

Una vez aclaradas las distintas acepciones del concepto de laicidad, el profesor Bovero pasa a explicar que aquello que define a un Estado laico no es el hecho de ser simplemente no confesional –esto implicaría una posición neutral del Estado respecto a no sólo la existencia, sino la licitud de la influencia de distintas confesiones u organizaciones eclesiásticas en la vida civil e incluso en el propio proceso de decisión colectiva, sin importar qué tan poderosa pueda llegar a ser -, sino que debe ser necesariamente un Estado anticonfesional, esto es, un Estado que impide la indebida influencia de organizaciones religiosas que creen por su fe ser dueños de la verdad en el proceso de decisión colectiva. Lo que es importante subrayar es que, de acuerdo con el profesor, “si un Estado no es anticonfesional, nunca va a lograr ser democrático”.

El Extranjero quiso conocer la opinión del profesor Bovero respecto a los peligros que representan para el Estado democrático los actuales discursos fundamentalistas, a lo cual nos respondió con una importante distinción: una cosa es la posibilidad, el derecho de toda organización o grupo a manifestar sus opiniones dentro del propio grupo. Lo que es importante para la supervivencia o la posibilidad de existencia de una democracia es que ningún grupo pretenda imponer a los demás sus reglas, sus ideales, sus principios como si fuesen normas fundadas en la verdad.

Haciendo alusión a los sucesos en la Ciudad de México y al emblemático caso de Eluana Englaro en Italia (2) y las consecuentes protestas y declaraciones públicas realizadas por la Iglesia Católica relacionadas con temas como la eutanasia, la interrupción legal del embarazo y el matrimonio entre personas del mismo sexo -ante las cuales, cabe señalar, ha adoptado una posición particularmente conservadora, radical e incluso beligerante-, se le preguntó al profesor cuál era su opinión respecto del papel que debe jugar la ciudadanía o de la ciudadanía o la sociedad organizada en la defensa del Estado laico. Lo primero, respondió, es protestar, no callarse y apegarse a las instituciones que por definición son neutrales. El otro papel corresponde a la magistratura, quien debe proteger tanto los derechos de libertad como los derechos políticos de autodeterminación política de los individuos frente a aquellos intentos –que desafortunadamente a veces se logran- para imponer como verdad reglas, normas o principios a quienes no los comparten. Esto debe ser realizado, es importante subrayar, aún cuando no se trate de la opinión personal de quien ejerza la magistratura (en nuestro caso los funcionarios públicos): un individuo e incluso una organización o grupo religioso puede ser laico en el segundo de los sentidos, es decir, no confesional y a la vez en lo público anticonfesional. El profesor ejemplificó esta afirmación diciendo que un individuo puede creer que, “por su propia regla de vida o por sus propias profundas convicciones”, una pareja de personas de un mismo sexo no es contemplado en el orden natural de las cosas y puede asumirlo como regla para sí y para su grupo: lo que no puede hacer es imponerlo a los demás.

-Y especialmente si se trata de una figura pública, como, digamos, nuestro Presidente (3)…

“Claramente, eso es algo contradictorio, es como una declaración de voluntad de suicidio de la democracia”.

A continuación la entrevista.


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Notas:
(1) La traducción en español, Una gramática de la democracia. Contra el gobierno de los peores, es distribuida por editorial Trotta mientras que la edición italiana por Sagittari Laterza.
(2) En noviembre de 2008 la Corte Suprema de Italia otorga al padre de Eluana Englaro el permiso para suspender el suministro de alimentos a su hija, quien cumplía ya 17 años en estado vegetativo –a pesar de haber rechazado en vida, en numerosas ocasiones, esta posibilidad-. Lo interesante del caso fue la injerencia en el mismo por parte de no sólo de la Iglesia Católica sino del Primer Ministro Silvio Berlusconi, quien trató de burlar la sentencia redactando un decreto transitorio de cinco líneas que pretendía obligar el tratamiento.


(3) Casualmente, en los días en que se realizaba el citado Seminario, nuestro presidente respaldó la acción de inconstitucionalidad promovida por la PGR contra las reformas capitalinas sosteniendo que “la Carta Magna habla explícitamente del matrimonio entre el hombre y la mujer”: acto seguido por una felicitación por parte de la arquidiócesis de México y el reconocimiento de la “valentía” del presidente en su misión de “proteger a los niños ante la arbitraria y perversa ley”.