sábado, 27 de diciembre de 2008

La discapacidad, la tecnología y los derechos.



La discapacidad, la tecnología y los derechos.
Ricardo Arrieta Castañeda.
Santa Marta, diciembre 27 de 2008

El debate que recientemente en España han abierto los amigos Carlos García y Pedro Cabanes (http://discapacitat-es.blogspot.com/, invita a reflexionar sobre el tema de los derechos de las personas con diversidad funcional y si en nuestros países se están aprovechando los avances en las tecnologías de la información y comunicaciones (“TICs”) para la integración de las personas con discapacidad, o si se está desperdiciando esta oportunidad que nos brinda la revolución digital.

La Organización Mundial de la Salud estima que las personas con discapacidad representan más del 10% de la población mundial. La discapacidad puede ser por nacimiento, adquirirse por enfermedad, accidente o por el simple transcurso de los años. Una persona con diversidad funcional (discapacidad) es aquella que presenta una deficiencia física, mental o sensorial, ya sea de naturaleza permanente o temporal, que limita la capacidad de ejercer una o más actividades esenciales de la vida diaria.

Una apropiada utilización de las TICs a través de diferentes equipos, software y servicios, puede hacer que la discapacidad sea invisible. Algunos ejemplos ilustran mejor eso. El servicio de mensajes de texto (SMS) sirve para comunicarse con y entre personas con discapacidad auditiva. El software que traduce de texto a voz en equipos móviles o aquel para lectura de documentos electrónicos contribuye a la comunicación de personas con discapacidad visual. En la televisión, el subtitulaje sirve para la población sorda, además de contribuir con la alfabetización nacional.

En el Internet, las páginas web deben ser accesibles también. Los audios deben transcribirse a textos para las personas con discapacidad auditiva. Además, la información de la página debe estar en un formato que permita que aquellos con discapacidad visual utilicen lectores ópticos o software que traduzca de texto a voz. ¿Cuántas instituciones públicas y privadas cumplen con criterios de accesibilidad al diseñar sus páginas de Internet? Los invito a que comprueben cómo en Colombia en vez de aprovechar las ventajas tecnológicas, discriminamos al no considerar las necesidades especiales.

Adicionalmente, en países como Colombia y E.U.A., existe el servicio de intermediación que permite a las personas con discapacidad auditiva integrarse mediante la comunicación telefónica a través de una operadora. Lo único que como persona oyente revela que estoy comunicándome por teléfono con una persona sorda es cuando al principio de la llamada la operadora me informa que se trata de un servicio de intermediación. La persona sorda escribe lo que me quiere comunicar y la operadora me lo lee (o a través de software se pasa a voz), y cuando le contesto verbalmente, la operadora se lo escribe a mi interlocutor para que lo pueda leer. Por este servicio se paga lo mismo que por una llamada tradicional. De otra manera se estaría discriminando en razón de la discapacidad. Trazando una analogía y asumiendo que los edificios/calles de nuestro país tuvieran rampas, es como si para entrar en un edificio se le cobrara a la persona en silla de ruedas por utilizar la rampa.

Es indispensable que los gobiernos, desde el inicio de su gestión, establezcan políticas públicas para que las TICs sean accesibles a todas las personas, incluyendo por supuesto a las que tengan algún tipo de diversidad funcional. Una cultura de acceso equitativo a las TICs debiera practicarse en primer lugar por el sector público, pero esto de ninguna manera elimina la responsabilidad que tenemos como ciudadanos para ser responsables de utilizar las TICs como un instrumento integrador de las personas con discapacidad. La discapacidad hoy es más que un tema médico o de estadísticas de salud pública, hoy es una cuestión de derechos que obliga a brindarles a todas las personas con diversidad funcional todos los medios o instrumentos tecnológicos que les permitan su inclusión social.