lunes, 27 de julio de 2009

LUIS SORIANO, LOS NIÑOS Y EL “BIBLIOBURRO”


Hoy, mientras me dirigía a mi ciudad, pasé por un paraje llamado La Gloria. En el viaje iba en compañía de parte de mi familia y decidimos detenernos para refrescarnos un poco en ese lugar.

Muy cerca del Kiosco de la Refresquería, se escuchaba una voz adulta y las voces de unos niños. Les pregunté a las personas que nos atendían, de qué se trataba ese lugar cuyas voces infantiles irrumpían el relativo silencio de aquél espacio caluroso y polvoriento. “Es la Escuela del profesor Soriano, en estos momentos está dictando clase a los niños.”

Algo me llamó la atención y me acerqué al lugar, allí estaba el profesor Luis Soriano con un grupo de más o menos 20 a 25 niños en turno. Digo en turno porque mientras unos reciben clase del profesor Soriano, otros aguardan solos hasta que el profesor termine con el grupo para proseguir con ellos. Estos niños que aguardan para recibir sus clases, son niños muy pobres que apenas logran llevar algunos implementos. Es decir, aquí no tenemos sala de computo, salón de audiovisuales, pero si un lugar donde se visualiza todo, pues se trata de un rudimentario Kiosco o choza, que apenas logra cobijar al grupo de niños.

No obstante las características del lugar, no obstante la situación de pobreza (material) de los niños, ellos con ánimo y voluntad, se muestran, en lo posible, dispuestos a recibir de parte del profesor Luis Soriano, laS enseñanzas que van acompañadas, a falta de medios audiovisuales, de mímicas, gestos, sonrisas y cuentos. Estar en el lugar es una gran oportunidad de soñar junto con los niños, quienes de cosas mínimas hacen grandes obras, no existen computadores ni proyectores, mientras llegan, ellos se los imaginan y recrean el espacio con esos instrumentos de aprendizaje.

Biblioburro

El Biblioburro es una biblioteca itinerante que distribuye libros en la espalda de dos burros, Alfa y Beto. Este programa se creó en La Gloria, Colombia por Luis Soriano.

Soriano se sintió fascinado por la lectura desde pequeño y se graduó en literatura española con un profesor que visitaba la aldea un par de veces al mes. Ejerciendo como profesor de escuela primaria, se le ocurrió la idea después de observar el poder que tenía la lectura para transformar sus estudiantes, los cuales habían vivido un conflicto más intenso del que él mismo vivió de niño. Empezando a finales de los 90s, Soriano viajaría por las comunidades interiores de la Colombia caribeña con una librería portátil que empezó con 70 libros.

Soriano escribió a Juan Gossaín después de oírle leer fragmentos de su novela La Balada de María Abdala en un programa de radio, preguntando por una copia de la novela para ser distribuida a través del Biblioburro. En respuesta Soriano recibió una avalancha de donaciones de libros de la audiencia de ese programa. En 2008 la colección de libros llegó a los 4800 volúmenes. La construcción de una pequeña librería financiada por una compañía local está a medio terminar debido a la falta de fondos para completar el proyecto.

Los libros de aventuras infantiles se han mantenido como los libros más populares entre los distribuidos por los Biblioburros. También distribuye enciclopedias, novelas, textos médicos y relatos como la fábula Anaconda de Horacio Quiroga o también el diccionario de español de la Real Academia Española (RAE). Algunos libros se han perdido como es el caso de una copia de Brida de Paulo Coelho que fue robada por unos bandidos al darse cuenta que no tenía dinero.

Esta biblioteca rural ambulante - el profesor Soriano y sus dos burros- lleva 10 años recorriendo caminos para llevar libros a las zonas rurales más apartadas del Departamento del Magdalena en Colombia, dentro de un programa de promoción de la lectura, y de sociacialización a través del libro. Un auténtico compromiso con la educación y la cultura.

En medio de mi breve visita, le pregunté al profesor Luis Soriano, cuál era la principal necesidad que debía cubrir para cumplir cabalmente su proyecto educativo. Fue enfático en contestar: Más docentes. En mi interior pensé que en su respuesta incluiría la necesidad de útiles, adecuación del lugar que se encuentra en muy regulares condiciones. Realmente el lugar necesita ser remodelado, por no decir construido, el lugar no cuenta con un centro de atención médica, no cuenta con baños separados para niñas y niños, entre otras tantas necesidades.

Iniciativas como éstas son para celebrar y aplaudir efusivamente. Que la cultura viaje y llegue a los lugares más recónditos del planeta. No importa como llegue -en Internet o en burro- pero que llegue.

El profe, como le dicen los niños, también cumple, aquí cabe, un labor casi Quijotesca, ha hecho una labor por el bien de los niños de esta parte país. El profesor Luis Soriano tiene claro el camino: Educar a niños y niñas.