viernes, 20 de febrero de 2009

DIGNIDAD Y JUSTICIA PARA TODOS







Ricardo Arrieta C

Febrero 20 de 2009.

El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y proclamó la Declaración Universal de Derechos Humanos. La visión y la determinación extraordinarias de los redactores produjeron un documento en el que se enunciaban por primera vez los derechos humanos universales para todas las personas en un contexto individual.

La Declaración, que ahora existe en más de 360 idiomas, es el documento más traducido del mundo, lo que testimonia su naturaleza y alcance universales. La Declaración ha inspirado las constituciones de muchos Estados de reciente independencia y de muchas nuevas democracias y se ha convertido en el criterio de referencia que nos permite, o nos debería permitir, distinguir entre el bien y el mal.

La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Navi Pillay, con ocasión del 60° Aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos manifestó que el 10 de diciembre se celebra el Aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, un breve y único documento de 30 artículos que probablemente ha tenido un mayor efecto en la humanidad que cualquier otro documento en la historia moderna.

Inmediatamente después del fin de la Segunda Guerra Mundial, los políticos, diplomáticos, periodistas, activistas, pensadores mundiales y, sobre todo, la población general, deseaban prevenir que una guerra tal volviera a suceder, lo que significaba atacar, tanto sus causas, como sus consecuencias. Pusieron su empeño en asegurarse de que nunca más hubiera otro Holocausto, y que todas las personas, especialmente las pobres, las hambrientas, las desplazadas y las marginalizadas, tuvieran en el futuro estructuras para apoyarlas y marcos legales internacionales para protegerlas.

Muchos de los tratados legales y de las instituciones internacionales más admirables del mundo, incluyendo a las Naciones Unidas, se remiten a este periodo fértil de fines de los años 40, pero la Declaración Universal tiene en él un lugar verdaderamente especial.

Por primera vez, se reconoció a todos los derechos humanos – civiles, culturales, económicos, políticos y sociales – como pertenecientes en forma inherente a todas las personas, y no como dones conferidos magnánimamente, o negados, dependiendo del designio, la suerte o el capricho de los regímenes gobernantes.

La Declaración Universal de Derechos Humanos es un documento vivo que tiene importancia no solo en momentos de conflictos y en sociedades que sufren la represión, sino que también aborda la injusticia social y el logro de la dignidad humana en tiempos de paz en las democracias establecidas. La no discriminación, la igualdad y la equidad – componentes clave de la justicia – constituyen el fundamento de la Declaración Universal. E independientemente del lugar donde usted viva, el dinero que tenga, la fe que practique o las opiniones políticas que profese, todos los derechos humanos de la Declaración se aplican a usted, en cualquier lugar y en todo momento.

La Declaración Universal de Derechos Humanos: la más importante declaración de los derechos y las libertades de todos los seres humanos La Declaración aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948 cuenta con un preámbulo y 30 artículos, en que se establece una amplia gama de derechos humanos y libertades fundamentales a que tienen derecho todos los hombres y mujeres, independientemente del lugar donde vivan y sin distinción de ningún tipo.

La Declaración fue redactada por representantes de todas las regiones y todas las tradiciones jurídicas. Con el tiempo ha sido aceptada como un contrato entre los gobiernos y sus pueblos. Prácticamente todos los países se han adherido a ella. La Declaración también ha servido de fundamento a una infraestructura en ampliación de protección de derechos humanos que hoy se extiende a los discapacitados, los pueblos indígenas y los trabajadores migratorios, entre otros grupos humanos.

Día de los Derechos Humanos

La Declaración Universal de Derechos Humanos fue aprobada el 10 de diciembre de 1948. Desde entonces en esa fecha se ha conmemorado el Día de los Derechos Humanos en todo el mundo. La Alta Comisionada para los Derechos Humanos, la principal funcionaria encargada de la promoción de los derechos humanos en las Naciones Unidas, y la Oficina que dirige desempeñan un importante papel en la coordinación de las actividades que se realizan para la observancia anual del Día de los Derechos Humanos.

Compromiso

En el proceso de redacción de la Declaración Universal participaron representantes de todas las regiones, quienes se inspiraron en valores, sistemas de creencias y tradiciones políticas de diferentes culturas y sociedades de todo el mundo. La Declaración Universal, que en un principio, fue adoptada por países de todo el mundo “como norma común de comportamiento para todos los pueblos y todas las naciones”, con el tiempo ha sido ampliamente aceptada como norma fundamental de los derechos humanos que todos deben respetar. En la actualidad, todos los países han aceptado la Declaración Universal de Derechos Humanos y reafirmado su compromiso con los derechos fundamentales consagrados en la Declaración.

A lo largo de los años, este compromiso se ha traducido en leyes por cuya mediación se expresan y garantizan los derechos humanos. Cabe destacar que la Declaración Universal de Derechos Humanos ha inspirado declaraciones y tratados internacionales de derechos humanos. Este valioso conjunto de normas de derechos humanos representa un contrato entre los gobiernos y sus pueblos, quienes tienen el derecho de exigir que este contrato se respete. También es necesario que todos los miembros de la sociedad respeten los derechos humanos básicos de los demás.

Dignidad y Justicia para Todos



“Dignidad y Justicia para Todos” refuerza la visión de la Declaración Universal de Derechos Humanos como un compromiso con la dignidad y la justicia a escala universal. No se trata de un lujo ni una lista de deseos. La Declaración Universal y sus valores básicos de dignidad humana inherente, no discriminación, igualdad, equidad y universalidad se aplica a todas las personas, en todos los lugares y en todo momento. La Declaración es universal, perdurable y vibrante, y nos concierne a todos.

Dignidad

La Declaración Universal de Derechos Humanos exige que se atiendan las necesidades básicas humanas y reconoce el carácter indivisible y la interdependencia de todos los derechos humanos, trátese de derechos civiles y políticos, como el derecho a la vida y la libertad de expresión, o de los derechos económicos, sociales y culturales, como el derecho al trabajo, la seguridad social y la educación. La mejora de un derecho da lugar al adelanto de los demás. De igual forma, la privación de un derecho tiene efectos adversos sobre los demás. El derecho a disfrutar de todos los derechos humanos es esencial para un vida digna.

La pertinencia actual de la Declaración es más imponente aún cuando escuchamos las voces de las personas en las comunidades. Cuando el Banco Mundial realizó su estudios sobre “Voces de los pobres” a fines del decenio de 1990, para lo cual entrevistó a más de 80.000 personas en aldeas y comunidades locales en relación con sus valores, necesidades y aspiraciones más importantes, los resultados se leen como si fuera una lista de los derechos cotidianos que se consagran en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Justicia

En el preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos se señala que “la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”. Se trata de la primera afirmación, que sigue siendo la más importante, de los derechos y libertadas para todos nosotros como seres humanos, sin distinción de ningún tipo.

Los principios básicos de los derechos humanos que se establecieron por primera vez en la Declaración Universal de Derechos Humanos, como la universalidad, la interdependencia e indivisibilidad, la igualdad y la no discriminación, se han reiterado en numerosas convenciones, declaraciones y resoluciones internacionales en materia de derechos humanos. Esos principios son fundamentales para lograr la justicia. La no discriminación, por ejemplo, ha pasado a ser uno de los principios intersectoriales de las normas de derechos humanos. El principio está presente en todos los principales tratados de derechos humanos y constituye el tema central de algunas de las convenciones internacionales de derechos humanos, como la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad.

Los principios básicos de la Declaración Universal de Derechos Humanos han inspirado un valioso conjunto de tratados internacionales de derechos humanos y el desarrollo de los derechos humanos en todo el mundo en los seis últimos decenios, y sigue siendo una inspiración para todos los seres humanos.

Todos

La Declaración Universal de Derechos Humanos pertenece a todos. Independientemente de donde usted viva, del dinero que tenga, de la fe que profese o las opiniones políticas que tenga, todos los derechos humanos consagrados en la Declaración Universal son aplicables a usted y guardan relación con usted. Fue precisamente la Declaración Universal de Derechos Humanos la que, hace casi 60 años, estableció por primera vez lo que han pasado a ser valores universales en la actualidad: los derechos humanos son inherentes a todas las personas y se refieren a la comunidad internacional en su totalidad. Los derechos humanos conciernen a todos.

El impresionante edificio de derechos humanos que la Declaración Universal de Derechos Humanos ha permitido levantar es motivo de celebración. Pero la Declaración Universal aún no satisface a toda la humanidad por igual. Nosotros, los titulares de derechos, tenemos que reclamar la Declaración Universal, apropiarnos de ella. Si bien los gobiernos tienen el deber primario de promover y proteger todos los derechos humanos, agentes no estatales, otros encargados de rendir cuenta y todos nosotros también desempeñamos un papel importante en hacer efectivo el disfrute universal de los derechos humanos. Mediante los esfuerzos concertados del sistema de las Naciones Unidas, sus asociados a escala internacional y local, la adopción de decisiones a escala nacional y la participación de personas de diferentes rincones del mundo podemos plantearnos verdaderamente el logro de la dignidad y la justicia para todos.

Para Louise Arbour Ex -Alta Comisionada para los Derechos Humanos, es difícil imaginar en la actualidad el cambio tan fundamental que significó la Declaración Universal de Derechos Humanos cuando fue aprobada hace sesenta años. En el mundo de la posguerra, lacerado por el Holocausto, dividido por el colonialismo y carcomido por la desigualdad, la elaboración de una carta, en la que se estableciera el primer compromiso solemne y mundial con la dignidad y la igualdad inherentes a todos los seres humanos, independientemente de su color, sus creencias o su origen, era una empresa valiente y audaz cuyo éxito era dudoso.

El hecho de que haya dado lugar a la creación de una amplia infraestructura de protección de todas las libertades fundamentales, a las que todos tenemos derecho, es un homenaje a la visión de quienes redactaron la Declaración y a los numerosos defensores de los derechos humanos que han luchado vi durante los últimos seis decenios para que esa visión sea una realidad. Esa lucha está muy lejos de haber terminado, y en ello estriba la fuerza de la Declaración: en que es un documento vivo que seguirá inspirando a las generaciones venideras.

Según el Secretario General de la ONU, Sr. Ban Ki-moon es nuestro deber garantizar que estos derechos sean una realidad viva, que sean conocidos, entendidos y disfrutados por todos, en todos los lugares. A menudo son los que más necesitan que sus derechos humanos sean protegidos los que necesitan también ser informados de que la Declaración existe y que existe para ellos.

En todo el mundo, un número creciente de periodistas, organizaciones no gubernamentales y otros entes de la sociedad civil, ejercen mayor y más efectiva vigilancia sobre la adopción de los derechos humanos, por parte de sus gobiernos. La llegada del Internet implica que aquéllos que quieran abusar de sus ciudadanos a puertas cerradas, se encuentran con que les es mucho más difícil hacerlo, y aquéllos que desean exponer dichos abusos, pueden hacerlo con mayor facilidad.

Sin embargo, para muchas personas, la Declaración Universal sigue siendo una promesa incumplida, ya que el deseo político de los estados de cumplir con sus obligaciones se mantiene lamentablemente detrás de sus promesas.

Existe el riesgo específico de que, conforme se desarrolla la crisis financiera actual, los individuos y las comunidades más pobres y más marginalizadas del mundo, podrían enfrentar una situación aún más grave que la que viven actualmente. La pobreza es tanto causa como resultado de violaciones a los derechos humanos, por lo que las instituciones de derechos humanos deben ser extremadamente vigilantes para asegurar que programas de desarrollo y redes de seguridad social se mantengan o mejoren, para que los efectos de la crisis no resulten desastrosos.

LA DECLARACIÓN NOS ATAÑE A TODOS

En el año 2007 se conmemoró el 60º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

El tema para el 2008 fue, “Dignidad y justicia para todos nosotros,” el cual refuerza la visión de la Declaración Universal de Derechos Humanos como compromiso con la dignidad y la justicia a escala universal. No se trata de un lujo ni una lista de deseos. La Declaración Universal de Derechos Humanos y sus valores básicos, la dignidad humana inherente, la no discriminación, la igualdad, la equidad y la universalidad se aplican a todos, en todos los lugares y en todo momento. La Declaración es universal, duradera y dinámica, y nos atañe a todos.

La Declaración nos ofrece a todos la ocasión de reafirmar la visión que la inspiró. La Declaración es tan pertinente hoy como lo fue el día de su aprobación. Alentemos a los gobiernos, ministerios, instituciones, docentes, padres y otras personas con responsabilidad en todo el planeta, a aprovechar esta oportunidad para asegurar que la próxima generación tenga mayor oportunidad de exigir lo que le fue prometido en ese documento extraordinario conocido como la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Todos debemos hacerla parte de nuestras vidas.