lunes, 16 de febrero de 2009

LOS DERECHOS HUMANOS EN EL IDEARIO BÍBLICO



LOS DERECHOS HUMANOS EN EL IDEARIO BÍBLICO

I. Introducción:




La Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, según algunos de sus propios mentores, no sería más que una "traducción de los Diez Mandamientos a lenguaje moderno.”

Una de las discusiones más interesantes que tienen lugar en Israel entre diversos grupos religiosos, es aquella que se refiere a los derechos humanos. La abrumadora mayoría de los representantes políticos de estos sectores se ha opuesto sistemáticamente -aunque no siempre con éxito- a la promulgación de las "leyes fundamentales" tendientes a proteger dichos derechos. Según aducen, estas leyes, provenientes de la cultura occidental, chocan con los principios básicos del judaísmo. Por otra parte, un pequeño grupo de ortodoxos -constituido especialmente por juristas y académicos especializados en las fuentes judaicas- sostiene que no hay nada más auténticamente judío que la preocupación por los derechos humanos; es más: indican que la Biblia jugó un papel cardinal en el proceso que fue conduciendo paulatinamente a la concepción moderna de los derechos humanos. Ellos nos recuerdan que Rene Cassin -uno de los principales promotores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas (proclamada en 1948)- afirmó haberse "limitado a traducir los Diez Mandamientos a lenguaje moderno" y que el renombrado jurista Milton Konvitz aseveró que las raíces de la Declaración "se encuentran en los relatos y las profecías de las Escrituras Hebreas".


Es cierto: los términos "derechos" y "humano" brillan por su ausencia no solo en el Decálogo sino en la Biblia entera. Sin embargo, cuando cotejamos cuidadosamente la Declaración Universal de los Derechos Humanos con la legislación del Pentateuco, la similitud entre muchas de sus cláusulas salta a la vista; podremos percibir también que el espíritu que impregna otros párrafos bíblicos guarda una estrecha semejanza con el que se expresa en la Declaración.[1]


Creo que esto quedará claro para todo aquél que esté dispuesto a internarse en el estudio de una cultura diferente, dejando de lado una aproximación lexicográfica mecanicista para intentar traducir ideas y valores y no palabras. En nuestro examen del texto bíblico debemos tomar en cuenta sus formas de expresión y su contexto histórico. Al familiarizarnos con su estilo literario, nos percataremos de su marcada preferencia por formulaciones concretas y específicas y de su parquedad en el uso de abstracciones y generalizaciones; su visión de mundo no se expresa en un sistema filosófico, sino en sus preceptos y sus profecías, en sus cuentos y sus poesías. Además, para entender mejor su ideario, es menester comparar sus posturas con las de las culturas circundantes.


En este estudio haremos un análisis del texto bíblico y su influencia en las declaraciones de derechos humanos, especialmente en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

II. DERECHOS HUMANOS

En la Biblia no existe el concepto moderno de derechos individuales (liberales). Pero la conciencia de la dignidad de la persona y de los derechos fundamentales del oprimido y de los pobres está fuertemente presente en la ley y en la historia de la revelación bíblica de Dios.[2]

1. En las historias de los patriarcas las comunidades cuentan que el Señor defiende el derecho de los oprimidos y marginados
- Protege a Agar, la esclava abandonada: Gn 21,12-20
- Protege a José, vendido por sus hermanos: Gn 37 - 41
- Protege a Tamar en la defensa
de sus derechos de mujer y madre: Gn 38
- Defiende el derecho de los hebreos esclavos y los libera: Ex 3 - 5 Dt 4,20 - Y otros muchos más
2. La ley del Señor se basa en la > justicia y por ello defiende el derecho de los pequeños
Ex 20,12 - 23,23
Lv 19 y 25
Dt 15 - 25 (15,4)
a. Más concretamente: La ley humanizó la > esclavitud muy por encima de las costumbres ambientales, aunque no la pudo extinguir:
- La vida del esclavo debía ser siempre respetada: Ex 21,20.26s
- En siete años se debía liberar a los esclavos: Dt 15,12-15
Ex 21,2s; Lv 25,10.39
- Los esclavos tenían derecho al > descanso semanal: Ex 20,10; Dt 5,14
b. Todo reo tenía derecho a ser juzgado rectamente Ex 23,1-3.8
Dt 16,18-20
3. Los > profetas
- a. Criticaron a los reyes y a los poderosos por hacer que la sociedad fuera desigual e injusta
Ver POBRES - 4
- b. Prometen un mundo nuevo, donde el que planta tendrá derecho de comer y quien hace una casa podrá habitar en ella
Am 9,14 Jr 31,24-28 Is 65,17-23
- c. Las > comunidades enseñaban la práctica del derecho y de la > justicia
Prv 10,21 Sal 1
Eclo 13 - 72
- 34,20-22
4. Jesucristo manifiesta que vino para realizar el > Reino de Dios que es de >justicia y derecho
Lc 4,16-19 Jn 10,10
a. Se niega a ser juez entre dos hermanos porque se trataba de un problema de ambición
Lc 12,13-15
b. Reinvierte la noción de justicia del mundo, proponiendo igualdad
Mt 20,1-16 Lc 16,1-8
- 22,24-26
5. Las primeras comunidades vivían, a partir de la cultura de su tiempo, una opción de defensa de los derechos de las personas y de los grupos marginados.
- a. Ananías era libre de vender o no lo que era suyo:
Hch 5,4
- b. Las viudas de los helenistas eran perjudicadas en el servicio diario. La comunidad crea ministerios para servirlas:
Hch 6,1-3
- c. Pablo invoca su derecho de ciudadano romano y apela al emperador:
Hch 25,11s
No se deja torturar invocando sus derechos:
Hch 22,25-29
- d. Hace una colecta en favor de los > pobres de Jerusalén:
2Cr 8 y 9
6. Las comunidades defienden los derechos (2Cr 8):
- de igualdad entre hombre y > mujer, > esclavo y libre: Gl 3,28
Flm 16-17
- de > libertad: 2Cr 3,17
Gl 5,1-6
Col 2,16s
Ver JUSTICIA
POBRES
REINO
José L. Caravias sj, realizó un estudio sobre LA BIBLIA Y LOS DERECHOS HUMANOS, que esquematizamos continuación:

I. Muerte <> Vida

a) ¿En qué nos falta vida? ¿En qué cosas no tenemos una vida plena?
b) ¿Cuáles son nuestros principales conflictos en la lucha por una vida mejor?
c) ¿A qué cosas tenemos derecho para poder tener una vida digna?
Texto: Ex 1,15-21
a) La realidad de entonces:
El Faraón, mburuvicha de Egipto, teme que sus esclavos se puedan sublevar, pues los trata muy mal y ya son demasiados. Por ello programa la reducción de su número a través de un control de natalidad: ordena a las parteras que maten a todos los niños varones que nazcan. Con esta crueldad piensa mantenerlos sometidos y controlados. El se siente dueño de la vida y de la muerte de su pueblo.
b) Palabras y frases difíciles:
El nombre de las parteras, "Sifrá y Púa”, indica que son egipcias, y no conocen al Dios de los hebreos.
"Temer a Dios" es respetar las leyes que garantizan el plan de vida de Dios.
c) ¿En qué se parecen los problemas de entonces a los problemas que tenemos nosotros hoy? ¿Cómo hoy "los grandes" disminuyen y controlan la vida de los pequeños?
d) ¿En qué forma se reveló a las parteras el Dios de los hebreos? ¿Qué es lo que quiere Dios? ¿A quién apoya El?
e) ¿Qué nos enseña acerca de nuestros derechos y obligaciones? ¿A qué nos llama?
f) ¿En qué completó Jesús este mensaje? (ver Jn 10,10-11). ¿Para qué vino Jesús al mundo? ¿Cuál es el plan de los enemigos de Jesús?

II. Esclavitud <> Libertad
1. Par­tir de nuestra re­a­li­dad
a) ¿En qué falta libertad en nuestro pueblo?
b) ¿Qué consecuencias tiene esta falta de libertad?
c) ¿Hay signos de liberación? ¿Cuáles?
2. Texto: Ex 3,7-12

a) La realidad de entonces:
El pueblo era oprimido duramente por aquel sistema de gobierno: habían pasado a ser esclavos en el cultivo de los campos y en la construcción de las grandes ciudades. Y esta esclavitud era justificada por la religión oficial, que consideraba al faraón como hijo predilecto de su dios. Pero los oprimidos resistieron y clamaron a su propio Dios...
b) Palabras y frases difíciles:
Los cananeos, heteos, amorreos, fereceos, jeveos y jebuseos eran los habitantes de las ciudades-estado de Canaán, que seguían el mismo sistema opresivo de Egipto.
"Yo soy el que soy" : "Ser" y "estar" en hebreo, el idioma del Antiguo Testamento, es la misma palabra. Por eso esta frase quiere decir: "Yo soy el que estoy contigo". Yavé es el Dios que está con los que luchan por la libertad. En cambio, el dios del faraón está a favor de los que oprimen.
Preguntas:
a) ¿En qué se parecen los problemas de entonces a los problemas que tenemos hoy?
b) ¿Qué nos enseña este texto sobre la manera de comportarse Dios?
c) ¿Qué pide Dios a los esclavos? ¿Qué pide a Moisés? ¿Por qué la tierra es imprescindible para poder tener libertad?
d) ¿En qué profundizó Jesús el mensaje de la liberación? (ver Gál 5,1 y 13).
e) Compromisos concretos que sacamos de este tema, tanto a escala personal como familiar y social.
III. Explotación <> Justicia
1. Par­tir de nuestra re­a­li­dad
¿En qué falta justicia en nuestro país? ¿Y en nuestro barrio? ¿Y en mi familia?
¿En qué hemos avanzado en la justicia?
¿Quiénes trabajan para que haya más justicia?
2. Texto: Jer 22,13-17
a) La realidad de entonces:
El profeta Jeremías, bajo el criterio de la justicia, analiza el gobierno del rey Joaquín comparándolo con el de su padre, el rey Josías. Joaquín se construye un palacio lujoso a base de explotar al pueblo y con ello demuestra que no conoce quién es Dios. En cambio Josías se había preocupado siempre del bien de los pobres, y con ello demostraba que conocía realmente a Dios.
b) Palabras y frases difíciles:
"Justicia" se refería entonces a la fidelidad a la vida en común. En cambio era considerado "injusto" todo lo que rompía la vida fraterna comunitaria.
"Conocer a Dios" es actuar como El actúa. El conocimiento de Dios no se refiere a algo meramente intelectual. Se trata de una actitud vital, un modo de vivir y de actuar semejante al comportamiento de Dios con su pueblo. Por ello está íntimamente unido "justicia" y "conocimiento de Dios".
Preguntas.

a) ¿Qué rey demuestra que conoce a Dios y cuál no? ¿Por qué?
b) ¿Cómo nosotros debemos demostrar que conocemos realmente a Dios? ¿Y cómo algunos demuestran que no conocen a Dios, aunque digan lo contrario?
c) ¿En qué completó el Nuevo Testamento este mensaje? ¿Añade algo nuevo una visión desde Jesús? (ver 1 Jn 3,7-10).

IV. Individualismo; Solidaridad

1. Par­tir de nuestra re­a­li­dad
Contar algunas manifestaciones de individualismo que suceden en nuestra familia, en nuestro barrio y en nuestro país.
Contar también manifestaciones de solidaridad.

2. Texto: Mc 6,35-44
a) La realidad de entonces:
En tiempo de Jesús había mucha hambre porque bastantes campesinos habían perdido su tierra, debido a los altos impuestos que cobraban Roma y el Templo.
Preguntas
a) ¿En qué consistiría realmente el "milagro" de la multiplicación de los panes?
b) ¿Qué es lo que Jesús quería enseñar? ¿Qué proyecto de sociedad hay detrás de todo esto?
c) Compromisos concretos que sacamos de este tema, tanto a escala personal como familiar y social.

V. Hipocresía <> Verdad

Partir de nuestra re­a­li­dad de hoy
¿Qué manifestaciones de hipocresía vemos en nuestra sociedad?
¿Y en nosotros mismos? Contar algunos casos concretos.
¿Según nuestro entender, qué es la verdad? ¿Es algo intelectual o depende del modo de vivir?

Texto: Mc 6,35-44

a) La realidad de entonces:
Los fariseos querían aparentar como gente muy buena, pero despreciaban y explotaban a los pobres. Se comportaban bien sólo con los de su clase social, y cumplían sólo las leyes pequeñas inventadas por ellos, pero no se preocupaban de la justicia, la fe y la misericordia.
b) Palabras y frases difíciles:
"La Ley" significa aquí la Ley de Dios, que abarca todo el Proyecto de Dios para con su pueblo.
Preguntas
a) ¿En qué se parecen los problemas de entonces a los problemas que tenemos nosotros hoy?
b) ¿Qué es para Jesús "lo más importante" de la Ley? ¿Por qué?
c) ¿Qué cambia en la sociedad si sólo se cumplen las leyes menos importantes y si se cumplen también las más importantes?
d) Según San Juan (2 Juan 4-6), en qué consiste "vivir en la verdad" ? ¿Añade algo nuevo este texto?
e) ¿Qué desafío nos traen estos dos textos para nuestro modo de vivir?[3]

La Biblia y el respeto a los derechos sociales:
"¡Ay de los que, a costa de los vecinos, engrandecen las casas y los campos! Pronto no habrá sitio para nadie, habitaréis solos el país." Is 5,8
"Venden los inocentes a cambio de dinero, y los pobres por un par de sandalias. Pisan la cabeza de los desvalidos y destrozan la vida de los humildes." Am 2,6-7
"¡Los que pisáis a los pobres hasta el punto de exterminar los desvalidos del país! … venderemos con medidas más pequeñas… haremos trampa con las balanzas." Am 8,4-6
"Vosotros deshonráis a los pobres" Jm 2,6
"Vosotros, los ricos, lloráis y gemís… vuestras riquezas están podridas." Jm 5,1-2
"Los gritos de los segadores han llegado hasta los oídos del Señor del universo." Jm 5,4
y actuar con generosidad.
Parábola del rico y Lázaro. Lc 16,19-31
Parábola de los trabajadores de la viña. Mt 20,1-16.

IV.LA BIBLIA Y LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS.

Asimismo podemos relacionar cada uno de los 30 artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU con citas bíblicas. Así, se pueden presentar elencos de citas en relación con muchos de los derechos consagrados por la declaración de la ONU. Una de las listas más usadas es la siguiente:

Liberación de la servidumbre Ex 1-15
Liberación de la esclavitud Lev 25,25-49
Protección de la vida Rut 4,5
Derecho a ser libres Gal 5,1; 4,26; 1Cor 7,22; 3,17; Gal 5,13; 1Cor 5,12; 1Pe 2,19
Combate a la pobreza Dt 15,11
Derecho a la integridad física Zac 2,12
Obligación de compartir Is 58,6-8; Prov 21,10
Prohibición de quitar la vida Ex 23,7; Am 5,7; Prov 17,15; Dt 227,55; Ap 21,8; L1v 19,11; Sal 109 No discriminar al hermano/a Prov 14,21; 21,10; 18,19; Is 18; 56,9-12; 3,4; Jer 22,3; Sab 5,3-7; 1Jn 3,14-17
Amar a los pobres Ecl 4,1; Miq 2,1; Sal 41; Zac 7,10; Lev 25,35; Dt 23,30; Ex 22,24; Lc 10,25-37
Derecho a la justicia Dt 1,16; Dt 16,18-20
Derecho a la alimentación Ex 23,11; Is 10; Mc 8,1ss; Sab 4,16; Prov 25,21; Ez 18,5; Is 55,1ss; Lc 1,53; 15,19-24; Mt 4,4; 10,42; Jn 4,32.

Como puede verse, en este campo la relación entre la Biblia y los derechos humanos era un tanto apologética. Aunque el tema era novedoso, los derechos humanos, la aproximación bíblica se limitaba a mencionar textos bíblicos que apoyaran el discurso preestablecido. De cualquier manera, en la mayor parte de los casos, los textos terminaban por convertirse en un listado estilo: tienes una pena grande, entonces lee...î. También puede constatarse otra grave deficiencia, que, salvo en el derecho a ser libres, la mayor parte de los textos bíblicos está tomada del Primer Testamento.

V. La fundamentación de todos los derechos: la dignidad humana

Una tendencia que se ha impuesto ha sido la de tratar de fundamentar los derechos humanos poniendo como base la dignidad de la persona humana, tema muy presente en la revelación bíblica. En una primera etapa resultó muy importante la reflexión generada en torno a los pasajes sapienciales del inicio del libro del Génesis. Los relatos de los orígenes y el anuncio de la creación del ser humano ¡a imagen y semejanza de Dios! que fueron de mucha utilidad para la comprensión de la dignidad humana como uno de los elementos fundamentales de la revelación bíblica.

Tres cosas se resaltan de los textos del Génesis en relación con la dignidad humana. La primera era que las enormes posibilidades que hay en la vida humana, posibilidad real de poder vivir y convivir con Dios, de vivir para siempre y ser eternamente y plenamente feliz, de lograr la plena armonía con la naturaleza y con los demás seres humanos, no estaban dentro de la persona como una parte natural de su vida, sino que son un don gratuito de Dios. Este principio será desarrollado en la revelación bíblica en torno a la noción de filiación divina: Dios es Padre de la humanidad; todos los seres humanos son hijos de Dios. Ésta es la fuente de una enorme dignidad que crece cuando la persona se acepta como criatura, amada gratuitamente por Dios. Esta realidad está insinuada ya en el Primer Testamento, pero sólo se reafirma y proclama solemnemente en el Segundo Testamento. Un segundo elemento era la afirmación del libro del Génesis acerca de la igual dignidad entre el hombre y la mujer. El segundo relato de la creación (Gn 2,4ss) nos fue de gran importancia en este aspecto. Un último elemento digno de ser resaltado era que la grandeza del hombre quedaba significada, en el primer relato de la creación, en el dominio que Dios le entrega sobre todas las cosas. La bendición de Dios a la pareja humana reside en la capacidad de procrear y de someter la tierra .

VI. Las primeras aportaciones lingüísticas

El término –derecho- en el Primer Testamento .


En Gn 18,16-33, la discusión entre Dios y Abrahán antes de que Aquel destruyera Sodoma y Gomorra, en donde el término MISHPAT aparece como parte de la orden de Dios de practicar ìla justicia y el derechoî (v.19) y en la referencia a Dios como ìEl Señor del Derechoî (v.25). El Código de la Alianza (Ex 20,22-23,19), como marco de la legislación fundamental de los diez mandamientos (Ex 20,1-2). Se observa cómo el Código de la Alianza, aun sirviéndose de leyes antiguas, trataba de garantizar (aun en medio de instituciones que ahora consideraríamos como "violatorias" de los derechos humanos, como la esclavitud o la marginación de la mujer) ciertos límites derivados de la conciencia de ser pueblo liberado por Dios. Así, encontramos en el código de la alianza la ley de los lugares de asilo (Ex 21,12-14), o las leyes de "protección" al ladrón (Ex 22,1-2). Algunos mandatos concretos dejan ver la motivación de las leyes (Ex 22,20): Israel está llamado a ser el anti-Egipto, es decir, un tipo alternativo de sociedad en medio de las naciones. Encontramos también Ex 23,2.6 con la aplicación del derecho en el marco de los juicios (Ex 23,1-9), donde se comienza a delinear la "parcialidad" del sentido del derecho, en favor de los indefensos de la sociedad (Ex 23,10-11).

En el estudio del Código de santidad (Lv 17-27) y de los dos últimos libros del Pentateuco, hallamos algunas leyes que promovían el respeto igualitario (24,22; 19,33), particularmente la ley del año jubilar proclamado en 25,8-17 y que encuentra su sentido más profundo en la vuelta a la igualdad de oportunidades (25,8-17). En el estudio del libro del Deuteronomio resultan de especial interés algunos temas: El tema del derecho y la justicia, el avance de la justicia a la caridad (14,28; ¡15,11!), y las referencias insistentes a la cuestión de los tribunales (16,18-19; 17,9), las ciudades de asilo (19,1-14) y la necesidad de testigos veraces en los juicios (19,15-21).

El estudio del Pentateuco como conjunto en su relación con el derecho y la justicia, permite llegar a tres constataciones importantes. Una primera constatación fue que las disposiciones que tienen relación con el derecho y la justicia no aparecieron en el marco de una relación legal, a manera de un contrato de compraventa o arrendamiento, sino que aparecieron como la respuesta de un pueblo que ha experimentado el amor liberador de su Dios.

La segunda constatación de los textos del Pentateuco acerca del derecho y la justicia, fue que los sujetos son casi siempre autoridades: por una parte está Yahveh, el dueño de toda la tierra, que ordena a su pueblo seguir sus normas y preceptos, porque él mismo es el autor, hacedor y garante del derecho: "¿O es que el juez de la tierra no aceptará lo que es justo [mispat]?" (Gen 18,25). Por otra parte están los sacerdotes y los jueces, especialmente en los textos del Deuteronomio, que son los encargados de administrar el derecho y la justicia (Dt 17,9). Son ellos, precisamente por su deber de impartir justicia, quienes están sujetos a la tentación del soborno y de la acepción de personas (Dt 16,19). La dura crítica de Dios: Una cantidad de textos habla de los pobres (Ex 23,6), los huérfanos (Dt 10,18), las viudas (Dt 24,17) y los forasteros (Lev 24,22; Num 15,16). Se trata del grupo de los INDEFENSOS, los que dada su particular situación económica y social no tienen acceso al poder y de los que es fácil aprovecharse. Dios es el defensor de estos indefensos. Estas tres constataciones están presentes, tanto en el Código de la Alianza (Ex 20,22-23,33), como en el libro del Deuteronomio y en el Código Sacerdotal (Lev 17-26). Así, todos los textos legislativos del Pentateuco entienden el derecho siempre en relación con la alianza establecida entre Dios y el pueblo, y en referencia obligada a los más indefensos de la sociedad.

Las mismas conclusiones se desprenden del estudio de los libros proféticos y sapienciales, con la particularidad de que el último aspecto, de velar por los derechos de los indefensos, encuentra un coronamiento especial en la literatura profética.


VII. LA REFLEXIÓN NEOTESTAMENTARIA


Un vacío seguía permaneciendo en la reflexión bíblica sobre los derechos humanos: la ausencia de una vertiente que partiera de los textos del Nuevo Testamento. La propuesta aquí consiste en ir a los fundamentos mismos de la predicación de Jesús para, desde ahí, encontrarnos con la justificación última de los derechos humanos. Jesús promovió algunas practicas entre sus discípulos y que la comunidad cristiana del primer siglo desarrolló en medio de una notable vitalidad. Vemos la manera cómo los cristianos del primer siglo, cuyo testimonio nos ha quedado en el Segundo Testamento, enfrentaron la relación con las autoridades.


Un primer elemento a estudiar es la noción de reinado de Dios y lo que ésta tenía que ver con los derechos humanos. Para ello debemos escoger tres textos claves para entrar en el tema. El primero es el envío que Juan Bautista hace de dos discípulos suyos desde la cárcel en la que se encontraba, para averiguar qué significaba la predicación de Jesús (Mt 11,2-6 y Lc 7,18-23) y su conclusión más evidente: que el nuevo gobierno que Dios viene a establecer consiste en hacer recobrar a los seres humanos la humanidad cabal que han perdido de mil maneras. El segundo texto, exclusivamente lucano, es aquel en el que Jesús, al inicio de su ministerio, entra a la sinagoga de Nazaret (Lc 4,14-19). En este texto aparece la misión de Jesús descrita como ¡dar la buena noticia a los pobres¡, pero, además, como si quisiera hacer aún más concreto lo social de su propuesta, Jesús presenta su misión como ligada a la resurrección de una estructura social ideal que Israel conservaba en su recuerdo utópico: ¡el año de gracia del Señor¡ que, como todos sabemos, significaba la oportunidad en que, independientemente de los méritos de cada persona, la tierra de Israel y sus riquezas volvían a repartirse por igual entre todos sus habitantes. Por último, abordamos el tercer texto, el de las bienaventuranzas, que termina por aclararnos el significado de ¡reinado de Dios¡. Se trata de saber quiénes son los que definen la apuesta de felicidad que trae Jesús y de qué manera quiere hacerlos felices dicho reinado de Dios. El estudio de la significación de reinado de Dios se concluye con el abordaje de algunas de las parábolas polémicas de Jesús, que muestran en dónde residió el conflicto que terminó por enfrentarlo con las autoridades y ocasionó el final violento del profeta de Nazaret: la parábola de los viñadores homicidas (Mc 12,1-11 y par.), la parábola de las ovejas y de los cabritos, también llamada parábola del juicio final (Mt 25,31-46) y la parábola lucana del buen samaritano (Lc 10,25-37).

A partir de este estudio se descubre la revolución hermenéutica ocasionada por Jesús, que fue escandalosa para Israel porque desproveía de seguridades a la religión judía y quitaba a los gobernantes judíos la justificación teológica de la marginación en la que mantenían a los pobres. Se descubre también que la opción evangélica por los pobres como criterio hermenéutico es mucho más arriesgada porque apela al eros y no al logos, a la compasión más que a la razón. Los evangelios nos enseñan que la única manera de saber qué es lo que Dios quiere es optar por un proyecto liberador y humanizador.

El estudio de las enseñanzas del Jesús histórico se completa tomando en consideración algunos textos en los que Jesús dio instrucciones precisas acerca de las relaciones entre los discípulos y de éstos con el mundo, resaltando solamente dos aspectos: la necesidad de compartir los bienes y las relaciones de igualdad fraterna que debían existir entre los discípulos.

Ya delineados los principios rectores de la comunidad cristiana en cuanto comunidad alternativa, que tiene que ser signo de una nueva manera de vivir que debe practicar en su interior y buscar, por todos los medios, establecer este mínimo de valores en la convivencia social. El tipo de sociedad al que deben aspirar los cristianos, y hacia la cual deben dirigir sus esfuerzos organizados, es una sociedad en la que el lucro y la ganancia no ocupen el primer puesto. Una sociedad opuesta a la acumulación desmedida de bienes que lleva, como contraparte, la pobreza de muchos. Y debe procurar una organización social que responda al ideal fraterno que le marcó su Fundador, es decir, una sociedad con igualdad de oportunidades, con trato igualitario y respetuoso para todos los ciudadanos, con leyes que impidan el abuso de los unos sobre los otros. Estas características se ven plasmadas de manera especial en los dos sumarios de Hechos de los Apóstoles (2,42-47; 4,32-35), junto con dos textos que nos enseñan la manera de proceder de los primeros cristianos frente al uso y a la transmisión del poder en la comunidad (Hech 1,12-14 y Hech 6,1-7).

El análisis hasta aquí arroja resultados muy importantes en el intento de ofrecer una amplia fundamentación neotestamentaria de la necesidad de respetar, promover y defender los derechos humanos. La predicación de Jesús sobre el reinado de Dios y lo que éste significa de transformación del mundo en el que vivimos, fue el punto de partida. Las actitudes de fraternidad e igualdad, recomendadas por Jesús a sus discípulos y vividas paradigmáticamente por las primitivas comunidades cristianas constituyen el segundo elemento de la reflexión. La manera como los cristianos resolvieron sus relaciones con los poderes establecidos y los principios que defendieron, incluso con la entrega de su propia vida, fueron el tercer paso. La lectura de los textos deja una prístina convicción: el reino que Jesús vino a establecer se identifica con el trabajo a favor de la plena humanización de las personas y de las sociedades; la experiencia de las comunidades primitivas así nos lo confirma. Todo lo que la iglesia haga por ayudar a que le sea devuelta su dignidad a los pobres y desamparados, es decir, a que sean respetados los derechos humanos, no es, pues, otra cosa que el cumplimiento de su misión. La omisión en este campo aparece, en cambio, como la negación de su identidad y de su misión.


VIII. Progresividad bíblica y derechos humanos


Aquí estamos obligados a responder a una pregunta inicial: ¿qué tiene que ver la Biblia con los derechos humanos? Coincido sinceramente con el planteamiento de Carlos Mesters cuando, comentando una intuición agustiniana, afirma: "La Biblia no es el primer libro que Dios escribió para nosotros, ni el más importante. El primer libro es la naturaleza, creada por la Palabra de Dios; son los hechos, los acontecimientos, la historia, todo lo que existe y acontece en la vida del pueblo; es la realidad que nos envuelve. Dios quiere comunicarse con nosotros a través de la vida que vivimos. Por medio de ella nos transmite su mensaje de amor y de justicia. Pero los seres humanos, por causa de nuestros pecados, organizamos el mundo de tal manera y creamos una sociedad tan torcida, que ya no es posible percibir claramente la voz de Dios en medio de la vida que vivimos. Por eso Dios escribió un segundo libro que es la Biblia. Este segundo libro no vino a sustituir al primero. La Biblia no vino a ocupar el lugar de la vida. La Biblia fue escrita para ayudarnos a entender mejor el sentido de la vida y percibir la presencia de la voz de Dios en medio de nuestra realidad.”[4] En este sentido, la Biblia sólo existe en función de la vida, para que ésta nos hable nuevamente de Dios, del Dios vivo y verdadero. Todas las realidades de la vida tienen que ver con la Biblia.

Al estudiar algunos textos del Primer Testamento, nos hacemos algunas preguntas acerca de algunas instituciones que aparecen en el texto: el año jubilar, las ciudades de asilo, quiénes eran los jueces y cómo funcionaban los juicios, cuándo se imponía la pena de muerte, etc. Desentrañando a través de toda la Escritura el progreso de algunas ideas, costumbres, tradiciones o instituciones que puedan iluminar de alguna manera el asunto de los derechos humanos. Un intento consiste en detenernos a mirar de cerca las relaciones de poder tal y como aparecían a lo largo de toda la Biblia. Ya se sabe que la promoción y defensa de los derechos humanos es, fundamentalmente, una lucha contra los abusos de poder. La cultura de los derechos humanos intenta restablecer el equilibrio entre los derechos ciudadanos y el recto uso de la autoridad por parte de quienes gobiernan, en la construcción de sociedades cada vez más democráticas. El poder en la Biblia. Su uso y sus abusos. En este punto se analizan algunos textos bíblicos para descubrir si hubo progreso en la comprensión del poder y de las relaciones que alrededor de él se crean y para comprender mejor la especificidad de la revelación cristiana en torno a ese tema .

Dios-Ombudsman. El defensor de los indefensos. En el estudio a la Escrituras se analizan o se hallan algunas experiencias de defensoría que aparecen en la Escritura: el goíel o vengador de la sangre, las ciudades de asilo, los tribunales y jueces, las leyes especiales para los pobres, etc. La aparición de la categoría huérfanos y viudas como síntesis de la situación de indefensión, así como la institución del año jubilar y sus consecuencias en la defensa de los más débiles. Nos encontramos también con la plenificación neotestamentaria, la cual hallamos en el anuncio que Jesús hace de un nuevo y definitivo ìaño jubilarî (Lc 4,16-21), el trato que Jesús ofrece a los débiles de su tiempo, la entrega vicaria de Jesús como culmen de su labor de defensoría de los más pobres y la iglesia en cuanto ciudad de refugio .

Jesús defensor de las mujeres (equidad de género). Las escrituras nos permiten reflexionar acerca de la relación entre la revelación cristiana y el papel y figura de la mujer, para contribuir, con una adecuada fundamentación teórica y religiosa, a los esfuerzos por conseguir la equidad de género en la sociedad y en la iglesia. Encontramos tres temas fundamentales: Las mujeres en la Palestina de tiempos de Jesús (la situación económica, política y social de las mujeres, sus relaciones de dependencia con el varón, las ideas que justificaban la situación de inequidad en que vivía la mujer en Israel, la participación de las mujeres en los ritos y costumbres religiosas, etc.), las heroínas de la Biblia en el Primer Testamento (las principales mujeres que pueblan el Primer Testamento y su influencia en el pueblo de Israel, la aparición de la mujer en los relatos de la prehistoria bíblica, etc.) y las mujeres en los evangelios y en la iglesia primitiva (actitud de Jesús frente a las mujeres, desafío de Jesús a la cultura machista de su época, las mujeres y la estructura de la iglesia primitiva, la visión paulina de la mujer, etc.).[5]


IX. LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS COMO EXPRESIÓN DEL IDEARIO BÍBLICO.


El artículo 1° de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que habla de la obligación de comportarnos unos con los otros "en un espíritu de fraternidad", no puede sino traer a nuestra memoria el tan conocido "amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Levítico XIX, 18). Es menester indicar que el amor no tiene aquí una acepción sentimental o romántica; no significa sino el respeto a la dignidad del otro y la preocupación activa y empática por sus necesidades. Debemos insistir: el precepto nos ordena amar a todos los seres humanos, sin distinción de nacionalidad o religión. Lamentablemente, hay quienes sostienen que ese amor debe extenderse únicamente a los hijos de Israel; otros reducen su alcance aun más, opinando que sólo se debe ver un prójimo en aquél que cumple los preceptos religiosos. La Biblia no nos permite distorsionar tan burdamente la intención de este versículo fundamental: en la historia del Éxodo se usa el mismo término ("rea", prójimo) para denominar al vecino egipcio (Éxodo XI, 2), y Levítico XIX, 34 nos ordena explícitamente amar al extranjero como a nosotros mismos; la concepción ética genuina reside precisamente en la posibilidad de ver en el "otro" -en el que no tiene con nosotros afinidad nacional o ideológica- un ser igual a nosotros en su condición humana.

La idea de la fraternidad universal es la que sustentan también las siguientes palabras de la ley del sábado (en su versión de Deuteronomio V, 14): "para que descansen tu siervo y tu sierva como tú". El descanso sabático persigue, entonces, mucho más que el derecho al reposo: este día -en el que todos, ricos y pobres, nacionales y extranjeros, amos y siervos, descansan por igual, en el que nadie sirve a otro ni se sirve de otro- permite poner en práctica periódicamente la idea de la igualdad esencial entre todos los seres humanos, salvándola así de caer en el olvido bajo el peso de las realidades socioeconómicas inherentes a la vida cotidiana. Entendiendo que lo que caracteriza esencialmente al hombre libre es el control que ejerce sobre su tiempo, debemos ver en el sábado un intento revolucionario de asegurar la libertad de todos, también la de los esclavos no hebreos, al menos por un día a la semana.

La preocupación por la libertad del hombre se expresa, por ejemplo, en las palabras de Levítico XXV, 10 -"Proclamaréis libertad en la tierra para todos sus habitantes"- que, mucho antes de hallar eco en el artículo 3° de la Declaración, fueron inscritas en la campana de la libertad de los Estados Unidos. En el versículo 42 del mismo capítulo leemos: "porque son mis siervos los cuales saqué yo de la tierra de Egipto no se venderán a manera de esclavos". En el seno de un contexto socioeconómico y cultural que ve en la esclavitud una situación natural inmanente a la sociedad, la Biblia se esmera por garantizar en la medida de lo posible la libertad de todos los hijos de Israel; cuando una extrema necesidad -ocasionada por la imposibilidad de saldar deudas o por la obligación de pagar con creces lo robado- fuerza a uno de ellos a venderse como siervo, sus servicios pueden adquirirse por un máximo de seis años (ídem, 39-42); la ley que ordena la remisión de las deudas en el año sabático (Deuteronomio XV, 1-2) tiene por objeto disminuir el número de los que se vean sometidos a esta situación; el jubileo, que se celebra cada 50 años, asegura la liberación de todos los siervos y la devolución de las tierras a sus dueños originales. La prohibición de entregar un esclavo fugitivo -hebreo o no- a su amo (Deuteronomio XXII, 15-16), es una muestra más de la aspiración a la libertad del hombre; no está de más recordar aquí que aún en el siglo pasado, en Estados Unidos, la protección a un esclavo fugitivo era penada con la muerte.


X. EL DERECHO A LA VIDA


El primer inciso del artículo 3° de la Declaración, que se refiere al derecho a la vida, tiene sus equivalentes no sólo en las numerosas leyes bíblicas que prohíben el asesinato propiamente dicho -castigado indefectiblemente con la pena capital- sino también, entre otras, en aquéllas que se refieren a casos de muerte por accidente o por negligencia homicida (Éxodo XXI, 28-30), en el estricto cuidado que se exige a un tribunal que ha sido llamado a juzgar en casos que puedan acarrear la pena capital (Deuteronomio XVII, 6) y en el asilo que se concede al homicida para evitar que sea asesinado por la familia del muerto mientras su culpa no haya sido determinada por un tribunal imparcial (Números XXXV, 9-34).

La Biblia protege también la inviolabilidad del cuerpo: quien hiera de alguna manera a otro ser humano, deberá indemnizarlo por sus gastos médicos y por la pérdida de días de trabajo (Éxodo XXI, 23-25). En este orden de ideas, es importante señalar que la Tora se abstiene de estipular cualquier tipo de castigo corporal para quienes hubieran cometido delitos contra la propiedad. El valor de la persona humana es inconmensurable y no tiene equivalencia alguna en el mundo material; así como no se puede indemnizar económicamente a la familia del asesinado, de la misma manera es inimaginable quitarle la vida a un ladrón o causarle daños corporales. Esta es una de las diferencias cardinales entre la legislación bíblica y los códigos de las culturas circundantes.

La similitud entre las leyes de la Tora y la Declaración (artículos 6° al 11°) salta a la vista en todo lo que se refiere a la administración de la justicia: tanto una como la otra insisten en el derecho a la defensa por parte de un sistema judicial imparcial, en la igualdad de todos ante la ley, en el derecho de toda persona a ser considerada inocente mientras no se demuestre lo contrario, etc. He aquí algunos versículos como ejemplo: "Jueces y oficiales pondrás en todas tus ciudades que tu Dios te dar en tus tribus. Los cuales juzgaran al pueblo con justo juicio. No tuerzas el derecho; no hagas distinción entre personas, ni tomes soborno; porque el soborno ciega los ojos de los sabios y pervierte las palabras de los justos. La justicia, la justicia seguiros, para que vivas y heredes la tierra que tu Dios te da" (Deuteronomio XVI, 18-20); "No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgaros a tu prójimo" (Levítico XXIX, 15); "Maldito el que pervierte el derecho del extranjero, del huérfano y de la viuda" (Deuteronomio XXVII, 19).

La Biblia, al igual que la Declaración, prohíbe infracciones contra la propiedad y el buen nombre, proscribe la explotación del trabajador e impone deberes hacia los menesterosos de la sociedad, indicando medidas que permitan a todos un mínimo de felicidad.

Estos ejemplos bastan para dar la razón a aquellos que sostienen que la legislación bíblica garantiza los derechos fundamentales del hombre, no por medio de su afirmación sino impidiendo su violación. A decir verdad, el deber no tendría sentido alguno sin no se presupusiera el derecho; es éste -aun cuando no se explicita- el que requiere la formulación de la ley que lo proteja o del relato que lo ilustre. Es más: la Biblia insiste en que las leyes deben ser conocidas por el pueblo entero; esto conduce, como lo vimos en la nota anterior, a que las obligaciones de la comunidad para con los individuos y las de los seres humanos unos para con los otros se conviertan en realidades que todos tienen derecho a demandar.[6]


CONCLUSIÓN.


La íntima relación entre el ideario Bíblico y el marco conceptual de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se hace evidente cuando leemos algunas de las cláusulas fundamentales de esta última, como por ejemplo: "Considerando que el reconocimiento de la dignidad inherente y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana es la base de la libertad, la justicia y la paz en el mundo" (del preámbulo) y "Todos los seres humanos... deben actuar entre sí en un espíritu de fraternidad" (artículo 1).

Si recordamos, además, que la formulación de los derechos humanos tiene como objetivo primordial la limitación de las atribuciones de los gobernantes, la conexión será sin duda insoslayable.

Seguramente, no todas las leyes bíblicas son aceptables a nuestros ojos; para poder escoger, debemos distinguir entre sus ideales primordiales y las exigencias de la realidad en medio de la cual fueron concebidas. Empero, si nos interesamos por la esencia más que por los detalles de una cultura, no podremos sino reconocer que la Biblia sentó un precedente importante en lo que respecta a la concepción de los derechos humanos. Aunque es prácticamente imposible trazar un nexo directo entre la Biblia y las instituciones inherentes a las democracias liberales, no resulta difícil detectar las huellas de su ideario en el camino que condujo a la formación de las mismas, así como en los itinerarios recorridos por los más diversos movimientos revolucionarios. Aquéllos que opinan que toda autoridad que apoya un sistema de segregación racial o de opresión social debe ser resistida en nombre de una justicia universal, pueden encontrar clara inspiración en los textos bíblicos.

Finalmente, corresponde ahora adoptar una actitud proactiva, es aportuno asumir una política en pos de los derechos humanos. En efecto, el trabajo de derechos humanos es un trabajo político, porque tiene como misión fundamental servir de barrera de contención a los abusos de poder que cometen quienes gobiernan. Pero pretender que la iglesia y su tarea de evangelización no tienen nada qué ver con la política es, por lo menos, ingenuo. Jesús asumió a fondo las consecuencias políticas de su predicación, al punto que sufrió la muerte más política que había en su tiempo: fue ejecutado por instigación del sanedrín, la autoridad máxima, religiosa y política, de su tiempo, y su asesinato fue sancionado por el representante del imperio romano.

Nuestra fe, toda fe, tiene consecuencias políticas. No querer asumirlo nos coloca en la posición de cómplices de las autoridades que abusan de su poder en contra de los ciudadanos. Es inevitable que ocurra lo que dice el jesuita David Fernández: “el que defienda los derechos humanos ha de adoptar el lugar social de las víctimas, no el de los satisfechos ni el de los poderosos. La acción de los defensores de derechos humanos es un monumental acto de amor: es el fruto de hacerse vulnerable al dolor del otro”. No es difícil descubrir, entonces, la razón por la cual el trabajo de un cristiano que defiende los derechos humanos no sea muy agradable a los ojos de los que gobiernan.

No podemos también ignorar que la iglesia como institución, no siempre ha estado a la vanguardia de la defensa de los derechos humanos. Es más, el Papa Juan Pablo II así como el Papa Benedicto XVI han reconocido, que en muchos casos de la historia pasada, la iglesia fue cómplice y cometió ella misma abusos de poder. Desgraciadamente, todavía son muchos los casos en que los dirigentes de la iglesia ven con suspicacia a los cristianos y cristianas que se dedican a la defensa de los derechos humanos. A los cristianos temerosos, habría que recomendarles leer los últimos documentos pontificios para convencerse de que el trabajo a favor de los derechos humanos no es solamente una estupenda oportunidad de cristianización del ambiente social, sino un deber ineludible de todo cristiano que se precie de serlo. La iglesia ha reafirmado, en muchos tonos y de distintas maneras, su opción por los pobres. Esta opción por los pobres pasa necesariamente por la defensa de sus derechos conculcados. Que esto nos conducirá a conflictos con quienes violentan esos derechos, salta a la vista. ¡Pero Jesús no dejó de hacer lo que debía por temor a los conflictos! Aquellos que quieren identificar a toda costa, orden social con justicia, descalifican la misma actuación de Cristo, que no temió ¡des-ordenar! el mundo de los poderosos de su tiempo.[7]

Rene Padilla[8] escribió que el símbolo del Reino de Dios apunta a la realización de la voluntad de Dios en relación con la creación de una nueva sociedad, caracterizada por la justicia y la paz, liberada del pecado y de sus consecuencias. Hablar del Reino de Dios es hablar del propósito redentor de Dios en Cristo Jesús, propósito que abarca toda la creación.

Padilla nos se equivoca al afirmar que la redención de toda la creación es el propósito de Dios, y en este punto va mas allá de la evangelización y la responsabilidad social, sino que apunta hacia el cuidado del medio ambiente, la conservación de los ecosistemas naturales y el usos sustentable de los recursos que la naturaleza nos ofrece. Pero también Jesús se interesa en el bienestar físico y material de las personas, lo cual se ve en su obra de sanar a los enfermos, de alimentar a los hambrientos y de ayudar a los pobres en sus necesidades materiales, de lo cual nos da razón las infalibles escrituras. Esta debe ser también tarea de la iglesia, de todos.

El anuncio de la dignidad de cada ser humano y la lucha por la construcción de una cultura de respeto a sus derechos, es el nuevo nombre del evangelio en este siglo que avanza. Por otra parte, la tendencia hacia el respeto a los derechos de las personas es una tendencia irreversible, dentro y fuera de la iglesia. Sólo en ese marco se construirán sociedades verdaderamente civilizadas y democráticas. En la protección de los derechos humanos a escala mundial, la institución eclesiástica ha querido ponerse en la línea frontal de ataque. Tarde o temprano, todas las diócesis verán la conveniencia de formar, como parte de su estructura de atención pastoral a los fieles, una comisión de justicia y paz, que se ocupe de la defensa de los derechos humanos y promueva un impulso educativo en esta línea. Mientras tanto, hombres y mujeres de buena voluntad seguiremos trabajando comprometidos con la defensa de la dignidad y de los derechos de las personas, lo cual es, al mismo tiempo, una libre decisión y un misterioso destino.

Referencias Bibliográficas:


- Raquel Hodara. La Biblia y los derechos humanos.
- J. L. Caravias y M. de Barros. Cosas De La Biblia. Guia Biblica Para Las Comunidades.
- José L. Caravias sj, La Biblia Y Los Derechos Humanos.
- Carlos Mesters. Un Proyecto de Dios y La Práctica Liberadora de Jesús.
- Raúl Lugo. El uso de la Biblia en la Pastoral de los Derechos Humanos. Una experiencia desde Yucatán.
- Padilla, Rene, Los Derechos Humanos y el Reino de Dios, Puma, Lima, 1992. P.42. “Human Rights and the Kingdom of God” “Los Derechos Humanos y el Reino de Dios” Author: Rene Padilla. Lima 1993. Published in cooperation with the National Council of Evangelical Churches of Peru – CONEP – and with Latin AmericaTheological Fraternity (FTL).



[1] Raquel Hodara. La Biblia y los derechos humanos.[2] J. L. Caravias y M. de Barros. Cosas De La Biblia. Guia Biblica Para Las Comunidades.[3] José L. Caravias sj, La Biblia Y Los Derechos Humanos.[4] Carlos Mesters. Un Proyecto de Dios y La Práctica Liberadora de Jesús.[5] Raúl Lugo. El uso de la Biblia en la Pastoral de los Derechos Humanos. Una experiencia desde Yucatán.[6] Raquel Hodara. La Biblia y los derechos humanos. Cit.[7] Raúl Lugo. El uso de la Biblia en la Pastoral de los Derechos … Cit.[8] Padilla, Rene, Los Derechos Humanos y el Reino de Dios, Puma, Lima, 1992. P.42. “Human Rights and the Kingdom of God” “Los Derechos Humanos y el Reino de Dios” Author: Rene Padilla. Lima 1993. Published in cooperation with the National Council of Evangelical Churches of Peru – CONEP – and with Latin AmericaTheological Fraternity (FTL).