sábado, 7 de febrero de 2009

La pobreza en el mundo y los derechos humanos en Thomas Pogge








Thomas Pogge: La pobreza en el mundo y los derechos humanos




Ricardo Arrieta Castañeda
Febrero 7 de 2009.

1. Desarrollo humano

La realidad del sistema-mundo actual, las desigualdades a nivel internacional y la situación de pobreza extrema en la que vive una gran parte de la población mundial hace que surjan preguntas que nos enfrentan a grandes contradicciones. ¿Cómo puede existir un progreso tan grande en lo referente a normas y conductas morales al mismo tiempo que nos encontramos una situación moral que de fondo es enormemente catastrófica? Es decir, ¿cómo es posible que a pesar de las normas y los valores ilustrados de la civilización occidental y del enorme progreso económico y tecnológico sea posible que la mitad de la humanidad esté sumida en la pobreza extrema? Y, al mismo tiempo, ¿por qué nosotros, en tanto que ciudadanos de la parte “rica” del planeta, no consideramos que sea moralmente preocupante que un mundo dominado por nuestros valores proporcione unas posiciones de partida y unas oportunidades tan deficientes e inferiores a tantas personas?

La profesora Beatríz Ortíz Martínez da respuesta a estas preguntas exponiendo que con respecto a esto Pogge señala varios planteamientos que nos hacen entender esta situación. Por un lado, parece obvio que todos estamos de acuerdo con las normas morales pensadas y diseñadas para proteger el sustento y la dignidad de los más vulnerables pero a la hora de cumplirlas siempre intentaremos arañar un poquito hacia nosotros de manera que las cargas que imponga su cumplimiento sean mínimas. Por otro lado, esto explica que los derroteros hacía los que se dirige la transformación de la realidad mundial no sean fruto de una conspiración sino de actividades ausentes de coordinación en las que no se ha tenido en cuenta a los más vulnerables. Esta situación hace que este proceso se dirija al peor de todos los mundos posibles ya que en él los poderosos pueden reconciliarse moralmente consigo mismos. Es decir, occidente puede seguir teniendo “la moral tranquila” porque “cumple” las normas al mismo tiempo que mantiene su situación privilegiada con respecto al resto del planeta.

La extensa pobreza extrema puede persistir porque no sentimos que su erradicación sea moralmente imperiosa y esto se debe a que nuestras nociones de justicia y ética están sustentadas en nuestros intereses y nuestra propia situación, en definitiva, en nuestra realidad alejada de la pobreza extrema.

Pero en el supuesto de que entrásemos en contacto con personas pertenecientes a otra realidad o circunstancias y nuestros valores se confronten con los suyos ¿seríamos capaces de asumir como una preocupación moral propia la persistencia de la pobreza extrema y el hecho de que nuestras conductas, las políticas llevadas a cabo por nuestros países y por las instituciones económicas globales no tienen en consideración e incluso empeoran la situación de pobreza a nivel mundial? Asumir esto implica reconocer nuestra responsabilidad en tanto que ciudadanos de países democráticos que participan en un orden global que causa pobreza y perjudica a los pobres. Asumir que causamos, permitimos, obviamos y consentimos que una gran parte de las personas que viven en este planeta viva en una situación de pobreza extrema puesto que como habitantes de países democráticos podríamos oponernos y no lo hacemos.

Para exponer un ejemplo concreto el autor hace referencia al Tratado de la OMC. Es cierto que gracias a este tratado han sobrevivido al hambre más personas de las que lo hubieran hecho con el régimen anterior, pero ¿pueden nuestros gobiernos utilizar esa “ganancia” para justificar los daños que han causado? Sobre todo teniendo en cuenta que podrían haber evitado la mayoría de los perjuicios confeccionando un Tratado de la OMC mejor, más justo.

2. La consecución de la democracia

La democracia implica que el pueblo controla y aprueba el poder político que se ejerce sobre él, y ello mediante la atribución a todas las personas de una influencia política aproximadamente igual. Teniendo en cuenta que los procesos democráticos son graduales, ¿qué es lo que pueden y deben hacer, según Pogge, los líderes políticos de una democracia novel para que ésta se consolide? En primer lugar, llevar a cabo una transición (de un régimen no democrático al democrático) equilibrada que acabe con los elementos supervivientes del régimen anterior al mismo tiempo que disuada a futuros intentos de hacerse con el poder de manera autoritaria. Pogge propone un conjunto de medidas que hagan que un golpe de estado exitoso no se convierta en una acción lucrativa para quienes intentan y/o consiguen hacerse con el poder de manera autoritaria. Para ello Pogge propone:

• Crear una especie de cuerpo internacional parecido a la policía a través del cual las democracias noveles podrían garantizar de antemano una intervención en caso de que sean derrocadas por un golpista.
• Introducir una enmienda constitucional que impida el pago con fondos públicos de las deudas que pudieran contraer futuros gobiernos inconstitucionales.
➢ Consejo Permanente para la Democracia bajo los auspicios de la ONU, capaz de considerar si un estado es o no democrático.
➢ Fondo Internacional de Garantía de Préstamos Democráticos (o Fondo Democrático) que asumiría el pago de las deudas de los países con constituciones aproximadamente democráticas (previamente reconocidas por el Consejo para la Democracia) en caso de que un régimen autoritario se negara a pagarlas.
• Crear una enmienda constitucional por la que un país declare que tan sólo sus gobiernos constitucionalmente democráticos pueden efectuar transferencias de derechos de propiedad sobre la propiedad pública que tengan validez legal, y prohíba a cualquiera de sus gobiernos reconocer derechos de propiedad sobre propiedades que hayan sido concedidos por un gobiernos precedente sin legitimidad constitucional.

En esta última medida entran a escena las democracias ricas y Pogge presupone su probable oposición a la misma. ¿Por qué? Porque por un lado reduce las oportunidades de sus bancos para otorgar préstamos ventajosos a los gobiernos autoritarios de los países en vías de desarrollo y, porque, por otro lado, sería una catástrofe para ellos puesto que dependen enormemente de las importaciones de los recursos naturales de estos países y resultarían gravemente perjudicadas.

Aquí queda claro cómo el orden económico global está configurado según los intereses de los países prósperos con elevados índices de consumo y que una de las características importantes de este orden es el privilegio internacional sobre los recursos.

¿Esta enmienda podría ayudar a transformar las actitudes de los ciudadanos de los países más prósperos frente a la situación de las poblaciones más pobres? Si se llevasen a cabo las medidas propuestas por Pogge ¿podríamos seguir con el nivel de vida actual en Occidente?

Pogge señala también que es evidente que los mayores obstáculos a los que nos enfrentamos no son intelectuales sino políticos, ya que los gobiernos autoritarios y las sociedades consumidoras desarrolladas tienen un interés común muy poderoso en bloquear algunas reformas que mejorarían las perspectivas para la democracia en los países de desarrollo. ¿Sería posible que los ciudadanos de países democráticos generasen un replanteamiento de esta situación y un cambio en la voluntad política? Podemos brindar una respuesta a esta pregunta no concluyente, por supuesto, pero sí muy coherente. Stephen C. Smith y Tony Castleman (Derechos humanos y pobreza. Cómo salir de la pobreza. Letras Libres nº 55, Abril 2006), sostienen que aunque puede contribuir a mejorar mucho las condiciones de vida y a reducir la pobreza, obtener mayores ingresos no puede garantizar la salida sostenible de la pobreza si los pobres no están en condiciones de recibir instrucción y atención sanitaria, si no pueden demandar los servicios básicos del gobierno a los que tienen derecho por ley, si sólo pueden obtener Ingresos de forma humillante. En pocas palabras: si sus derechos humanos y jurídicos fundamentales no se garantizan, se ejercen y se protegen. Afortunadamente, en muchas partes del mundo se están tomando nuevas medidas para fortalecer los derechos humanos de los sectores pobres. Hay que acelerarlas e incrementarlas para avanzar significativamente en la lucha por erradicar la pobreza en el mundo.