lunes, 17 de noviembre de 2008

DERECHO A LA AMABILIDAD


DERECHO A LA AMABILIDAD


Ricardo Arrieta Castañeda
Santa Marta, noviembre 17 de 2008.

LA AMABILIDAD

Seguramente cualquiera de nosotros se ha sentido ofendido, en alguna ocasión, al ser tratado de un modo poco cortés por otra persona y, con toda probabilidad, más de una vez también, la amabilidad de alguien nos habrá ayudado a mejorar nuestro estado de ánimo. Existen personas en un permanente estado de mal humor, que no encuentran un motivo para "regalar" una sonrisa a alguien y nunca se muestran cordiales y receptivos ante las peticiones de los demás. Otras, por el contrario, tienen una predisposición natural a ayudar a todo el mundo, a escuchar pacientemente y ser amables en la mayoría de las ocasiones. Podría decirse que alguien es amable cuando suele tener una actitud cordial, abierta y afectuosa con quienes lo rodean y que, gracias a ella, despierta en los demás ese mismo tipo de sentimientos y de trato. En esa medida, la amabilidad es un valor que se adquiere a edades tempranas y que puede inculcarse y potenciarse. Se trata de una virtud que muestra claramente la grandeza espiritual de quien la posee y que, por el contrario, resta humanidad a quien no se esfuerza en desarrollarla. Evidentemente, existen días u ocasiones concretas en que nuestro estado de ánimo propicia una actitud más amable hacia cualquiera que nos salga al paso, y otras, en que nos resulta realmente difícil ser complacientes y tragar nuestro mal humor. No es de extrañar que, llevados por el descontento, en ciertos momentos no seamos todo lo amables que deberíamos, aunque lo importante es la actitud habitual ante los demás. Podemos esforzarnos en desarrollar nuestro sentido de la amabilidad, pero de amabilidad sincera. De nada sirve esa cordialidad de compromiso que se manifiesta en sonrisas hipócritas y en frases estudiadas que empleamos obligados por las circunstancias. La verdadera amabilidad debe basarse en el afecto sincero y en la capacidad de entrega a las personas cercanas a nosotros y a todo aquel que pueda precisar nuestra ayuda y colaboración. Dificultades al desarrollo de la amabilidad Cuando: * Nos creemos con derecho a mostrarnos malhumorados y tratar con mala educación a los demás sin justificación alguna. * Desconfiamos de la buena fe de las personas y consideramos que nadie tiene derecho a "sacar partido" de nuestras buenas intenciones. * Nos olvidamos de pensar positivamente y no vemos el lado amable de las cosas. * No valoramos la satisfacción personal que puede producirnos el hecho de ayudar y ser amables con nuestros semejantes. * Creemos que las personas supuestamente "importantes" pueden permitirse el lujo de no ser amables con el resto de los "mortales". * No manifestamos ni defendemos con nuestro comportamiento la idea de que la amabilidad debe ser una de las principales virtudes humanas. Como promover el desarrollo de la amabilidad Teniendo en cuenta que: * Todo el mundo desea ser bien tratado y sentirse aceptado y amado. * Las actitudes alegres, optimistas y cordiales son "contagiosas", de modo que si regalamos amabilidad recibiremos amabilidad. * No debemos perder jamás la confianza en la buena voluntad y bondad de las personas. * Si aceptamos de buen grado a los demás, también nosotros seremos aceptados. * Cuando somos amables con quienes nos rodean les proporcionamos optimismo , alegría y bienestar. * El hecho de tener un mal día no sirve de excusa para ser poco amables, maleducados o incorrectos con nadie. * La amabilidad es una muestra de madurez y grandeza espiritual. * La amabilidad no tiene nada que ver con la "cortesia de conveniencia". EL DERECHO A SER AMABLE. Tú eres una criatura del universo, no menos que los árboles y las estrellas: tú tienes derecho a estar aquí... Junto con sana disciplina, sé amable contigo mismo. Derecho a ser tratado con cortesía y amabilidad, a ser considerado dignamente..."La cortesía no cuesta nada y gana mucho" Mary W. Mortago. Seas quien seas y ocupes el nivel social que ocupes, simplemente por ser humano tienes el derecho de ser tratado con la máxima cortesía y amabilidad. Y es tu responsabilidad hacer lo mismo con los demás y comunicarte con ellos bajo la premisa de que son personas dignas, valiosas y capaces. No tienes derecho a hacer sufrir a otros por el simple hecho de que estés "de malas" o irritable. Tampoco de manipular a los demás para que se responsabilicen por lo que a ti te toca, ni de exigir que las personas que a ti te interesan salgan siempre al encuentro de tus necesidades, expectativas o deseos."Si quieres ser respetado, sé responsable." William J.H. Boetcker. Se amable contigo mismo. ¡Cuánta muerte y cuánta guerra se evitaría con esa máxima!. La amabilidad es una postura revolucionaria. Se me ocurre que "el derecho a ser amable con uno mismo" es, por sus consecuencias, mucho más revolucionario que otros por los cuáles en el siglo XX derramaron mucha sangre. Quizás por él podríamos hacer la revolución en el siglo XXI. Yo a esa lucha sí me apuntaría. A grandes rasgos se puede decir que el pensamiento occidental surge de manera nada amable, colocando al enemigo dentro de las personas con una falsa oposición: sensibilidad en guerra con el espíritu. ¿Cuántas centurias de guerra entre uno y uno mismo?. Pero hablando de la amabilidad hemos llegado a la falsa oposición que es otra forma poco amable de producir discursos falsos que generan circunstancias poco amables.La amabilidad no surge de la nada, podemos proponernos saludablemente ser amables con nosotros mismos y tal vez lo consigamos ocasionalmente, pero la amabilidad es una forma de relación y como toda forma de relación al final ¿es una conquista?La amabilidad es la manera más sencilla, delicada y tierna de hacer realidad un amor maduro y universal, libre de exclusivismos. Amabilidad se define como “calidad de amable”, y una persona amable es aquella que “por su actitud afable, complaciente y afectuosa es digna de ser amada”.Una persona amable es aquella que escuchacon una sonrisa lo que ya sabe, de labios dealguien que no lo sabe. Alfred Capus. Al hablar de amabilidad, sin duda hemos de referirnos también al amor, pero es preferible tipificar a la amabilidad como valor por su carácter más concreto de actitud, de rasgo firme y definido de la persona que ama. El amor es una palabra demasiado grande, universal y genérica en sus formas. No existe una cosa concreta llamada amor, sólo existe en acto de amar expresado en actos de dar, respetar, considerar a los demás, aceptarles, procurar su felicidad, alegrarse con sus progresos... En definitiva, llevar a la práctica una disposición afectuosa, complaciente y afable que no tardará en convertirse en firme actitud, que nos predisponga a pensar, sentir y comportarnos con amabilidad. Cuando lo previsible, lo normal en una persona sea comportarse de forma afable y afectuosa, es porque la amabilidad ha adquirido la categoría de “valor”.Solemos olvidar que amable significa “digno de ser amado”; que amable es el que se comporta de un modo determinado siempre impulsado por un sentimiento puro. Que se trata por tanto de una conducta que no se agota por sí misma, sino que tiene como origen mover a los demás a comportarse con nosotros proporcionalmente sin buscar en ello la finalidad. La verdadera amabilidad es la que surge de los sentimientos, la “otra” amabilidad, la más común, es la que tiene que ver con las formas y con las normas de conducta. Ésta solo sirve para seguir la corriente de lo que es socialmente aceptado, pero aporta poco más que una máscara.La amabilidad es siempre un claro exponente de madurez y de grandeza de espíritu, dado su carácter universal, integrador y de cálido acercamiento a los demás seres de la creación, con los que se siente hermanada toda persona amable.“El amor que yo viva en mí de mí es la medida del amor con que puedo amar a cualquier otra persona. El problema está en que yo me encierro en el amor que vivo en mí y excluyo a los demás” A. Blay. Hemos visto que la amabilidad como valor es una actitud, un modo habitual de ser y comportarse, afectuoso y complaciente de toda persona que es digna de ser amada. El que ama practica su amor, lo hace realidad y lo exterioriza fundamentalmente mediante la amabilidad. No confundamos actos de amabilidad, circunstanciales y transitorios, con la amabilidad como actitud y valor, sentido y deseado. Todos podemos ser “amables” en ocasiones y por diversos y hasta oscuros fines, pero no es a esta “amabilidad” de conveniencia a la que nos referimos, sino a la amabilidad como valor, como disponibilidad permanente, libremente asumida y ejercida.Pero la amabilidad es planta delicada que sólo germina en “terrenos”, “climas” y condiciones especiales. El terreno más indicado es el hogar y poco después la escuela. El clima y las condiciones especiales de una educación para la amabilidad que ha de proporcionar el medio educativo en que se desenvuelve el niño durante la infancia y la adolescencia debe aportar y despertar los siguientes sentimientos positivos: AFECTO: Sentirse aceptado y amado con sus cualidades y defectos. Percibir que sus padres y educadores han escogido amarle y respetarle. ALEGRÍA COMO HÁBITO: Mostrarse satisfecho de vivir, de amar, de compartir el tiempo con el educando, en una actitud divertida y desdramatizadora. Reír en familia con frecuencia y contagiar la alegría sin reservas. CONFIANZA: Creer en su capacidad, en su bondad, en sus actitudes, permitirle que se equivoque y transmitirle siempre el mensaje de que puede vencer las dificultades, que seguiremos cerca para ayudarle, que con su esfuerzo e ilusión conseguirá lo que se proponga. ACEPTACIÓN: Dejarle ser persona, valorar su singularidad, estimularle a pensar por si mismo, pero con honradez y respeto a los demás. Recordar las palabras de Kabil Gibran. “Tus hijos no vienen de ti, y aunque estén contigo no te pertenecen. Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos, pues ellos tienen sus propios pensamientos...” SEGURIDAD: Manteniendo una actitud coherente que le permitan a él educándolo conocer nuestras reacciones y saber a qué atenerse. Pero la seguridad le viene al niño, sobre todo, del ejemplo de normalidad y naturalidad en el trato diario y de comprobar que los adultos sabemos reconocer nuestras limitaciones y defectos, aunque no por ello desistimos en el empeño de ser mejores cada día. Vernos humanos, limitados y capaces de pedir perdón, les da seguridad porque nos sienten más cerca de sí mismos, más a su alcance.Debemos tener presente que amabilidad es la palabra dulce que anima, levanta, consuela y fortalece, así como el rocío refresca y embellece las plantas marchitas. La amabilidad es afabilidad en la conducta, naturalidad en el obrar, paz en el semblante, benevolencia en la mirada. Se comunica y trasmite de un solo corazón a los corazones de una familia o comunidad entera como la fragancia de una flor que se difunde en derredor del lugar donde florece. EL ARTE DE LA AMABILIDA. DEl arte de la amabilidad. La Rocheloucauld, un cortesano francés del siglo XVII, escribió que las virtudes, a menudo, son sólo vicios disfrazados. El altruismo puede hacernos sentir bien, pero sentir admiración por uno dista mucho de ser admirable. La amabilidad es una cualidad en la cual se combinan el amor, la comprensión, la previsión, la empatía y la generosidad, pero para que sea una auténtica virtud debe estar libre de segundas intenciones, incluida la autoestima. Siempre que nos entreguemos a los demás con un espíritu completamente abierto, sin egoísmos, nuestra actitud es una bendición. Un sencillo acto de amabilidad repercute en la red de relaciones que nos unen al mundo y puede reavivar sentimientos positivos que se expanden a los cuatro vientos.El principio oriental del karma nos enseña que todas las palabras y acciones son semillas que germinan para dar fruto en el momento oportuno. La primera acción no es la semilla, sino el pensamiento que la genera. Así pues, si la idea -la semilla- es moralmente sana, desinteresada y auténtica, tenemos el camino apropiado para nuestra progresión espiritualLa amabilidad vuelve con una sonrisa al lugar desde que ha partido. El Decálogo de la Amabilidad: 1 Procura reconocer y respetar los derechos y los méritos de los demás, y aceptar sus formas de pensar, aunque sean distintas de las tuyas. 2 Trata a los demás con el mismo respeto y cariño con el que te gustaría que te tratasen a ti. 3 Procura ser complaciente con los que te rodean cuando te piden un favor o solicitan tu ayuda. 4 Utiliza palabras como gracias, perdón, por favor, que te facilitarán y harán más agradable tu relación con los demás. 5 Intenta ver en cada persona lo mejor de ella. Seguro que lo encontrarás y te sorprenderá.6 Acostúmbrate a expresar tus mejores sentimientos, no los reprimas. Trata a los demás con toda la naturalidad, la alegría y el afecto que espontáneamente salgan de ti. 7 Acostúmbrate a sonreír. Muéstrate solidario, optimista y colaborador con las personas con las que convives. 8 Piensa que si todos tratamos de dar lo mejor de nosotros mismos todos seremos mucho más felices. 9 Trata de analizarte y observa si, cuando eres amable o afectuoso con los demás, te sientes más a gusto contigo mismo. 10 Comprueba cuántas horas al día estás de buen humor. Si son muchas, alégrate porque estás construyendo un mundo más amable. Se cauto en tus negocios; pues el mundo está lleno de engaños. Más no dejes que esto te vuelva ciego para la virtud que existe; hay muchas personas que se esfuerzan por alcanzar nobles ideales; la vida está llena de heroísmo. Se sincero contigo mismo. En especial no finjas el afecto. Ni seas cínico en el amor; pues en medio de todas las arideces y desengaños es perenne como la hierba. Acata dócilmente el consejo de los años, abandonando con donaire las cosas de la juventud. Cultiva la firmeza del espíritu para que te proteja en las adversidades repentinas...Y sea que te resulte claro o no, indudablemente el universo marcha como debiera. Por eso debes estar en paz con Dios, cualquiera que sea tu idea de Él, y sean cualesquiera tus trabajos y aspiraciones en la bulliciosa confusión de la vida conserva la paz con tu alma. Aún con toda su farsa, penalidades y sueños desbaratados, el mundo es todavía hermoso. Se cauto. ESFUERZATE POR SER FELÍZ !

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